La parábola de la viuda y el juez injusto: historia y página para colorear

parable widow and unjust judge image children

Cierto día, Jesús les contó una historia a sus discípulos para mostrarles que siempre debían orar y nunca darse por vencidos.

«Había un juez en cierta ciudad —dijo—, que no tenía temor de Dios ni se preocupaba por la gente. Una viuda de esa ciudad acudía a él repetidas veces para decirle: “Hágame justicia en este conflicto con mi enemigo”. Durante un tiempo, el juez no le hizo caso, hasta que finalmente se dijo a sí mismo: “No temo a Dios ni me importa la gente, pero esta mujer me está volviendo loco. Me ocuparé de que reciba justicia, ¡porque me está agotando con sus constantes peticiones!”».

Entonces el Señor dijo: «Aprendan una lección de este juez injusto. Si hasta él dio un veredicto justo al final, ¿acaso no creen que Dios hará justicia a su pueblo escogido que clama a él día y noche? ¿Seguirá aplazando su respuesta? Les digo, ¡él pronto les hará justicia!

(Lucas 18:1-8)

parable widow and unjust judge coloring page

Imagenes por Didier Martin

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The Parable of the Widow and the Unjust Judge: Story and Coloring Page

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One day Jesus told his disciples a story to show that they should always pray and never give up.

“There was a judge in a certain city,” he said, “who neither feared God nor cared about people. A widow of that city came to him repeatedly, saying, ‘Give me justice in this dispute with my enemy.’ The judge ignored her for a while, but finally he said to himself, ‘I don’t fear God or care about people, but this woman is driving me crazy. I’m going to see that she gets justice, because she is wearing me out with her constant requests!’”

Then the Lord said, “Learn a lesson from this unjust judge. Even he rendered a just decision in the end. So don’t you think God will surely give justice to his children who cry out to him day and night? Will he keep putting them off? I tell you, he will grant justice to them quickly!

(Luke 18:1-8)

 

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Images by Didier Martin. 

Si te caes, rebota

Nyx Martínez

Había sido un buen día. «La vida me sonríe», pensé mientras me dirigía a la oficina donde tengo mi computadora. El teclado me rogaba que hiciera contacto con él.

Apenas se encendió la pantalla supe que había sucedido algo terrible. El disco duro había dejado de funcionar.

on the reboundDada la lentitud con que mi cerebro procesa información, tardé unos instantes en entender la magnitud del desastre. De pronto caí en la cuenta. Se me fue el alma a los pies, como si me hubiera pasado por encima una aplanadora. Sentí un nudo en el estómago. Se me nubló la vista. No lograba pensar con claridad. Todo me daba vueltas.

Mi arduo trabajo de los últimos seis meses —artículos, diseños—, toda mi energía mental almacenada en el disco duro de mi computador y que yo creía imborrable y segura, se había esfumado.

Para siempre.

Uno de mis peores temores se había abalanzado sobre mí como un meteorito procedente del espacio exterior. Quedé sumida en la desesperación y el desconcierto. ¡Qué tragedia!

¿Cómo no se me ocurrió copiarlo todo a un dispositivo de respaldo? Aquellos retazos de creatividad estaban perdidos en algún rincón del cibermundo… irrecuperables.

En ese momento recordé una anécdota. En cierta ocasión Thomas Edison encaró un desastre parecido cuando se incendió su taller. Meses, años y hasta décadas de trabajo en numerosos inventos inconclusos quedaron reducidos a nada.

—Todos mis errores se hicieron humo— comentó Edison con sorprendente buen ánimo.

Y reanudó enseguida su labor.

En mi caso, yo dudaba que tuviera la voluntad y la energía para empezar de cero con la misma entereza de que hizo gala el ilustre inventor. De todos modos, estos pensamientos aliviaron mi dolor y disiparon mi aturdimiento y sensación de fracaso. El abatimiento me había hecho caer de rodillas, pero hice un esfuerzo por enderezarme y esbocé una sonrisa forzada.

En la vida hay cosas que nos parecen una injusticia atroz. Pero no podía dejarme dominar por el derrotismo, no podía permitir que afectara mi futuro. Resolví no ver la situación como el trágico fin de todos los proyectos y trabajos que tenía en la máquina, sino como una oportunidad de reiniciarlos con miras a un porvenir prometedor.

Esto es lo primero que escribo después de aquel día tan demoledor. «Todos mis errores se hicieron humo», digo para mis adentros. No pienso rendirme. Estoy sentada nuevamente frente a la computadora, lista para volver a empezar.

Ya estoy haciendo mi copia de respaldo.


Historia gentileza de la revista Conéctate. Imagen © TFI.

On the Rebound

By Nyx Martinez

It had been a satisfying day.

The world was a wonderful place, I thought, as I made my way to the office where my computer sat. Its keyboard beckoned my fingers to make contact.

As soon as the screen lit up, I knew something was terribly wrong. My hard drive had crashed.

on the reboundIt took a moment for the scope of the disaster to register in my slow-computing brain, but then it hit me. No, it slammed into me with the force of a bulldozer on a razing mission. My stomach did a back flip. My vision went hazy. My mind became clouded. The room spun.

The last six months of hard work—articles, graphic design, all that precious mental energy that had been stored on the computer’s hard drive for safekeeping—was gone.

Forever.

My worst fear, like a meteor falling from the sky, came crashing down on me. Frustration, confusion, tragedy, and loss engulfed me.

Why, oh why, hadn’t I copied all that stuff onto a backup device? Now bits and pieces of creativity were lost, floating somewhere in cyberspace, far, far from home. And I couldn’t get them back.

But then I remembered the story of when Thomas Edison met a similar tragedy. His workshop caught fire, and months, years, even decades of hard work on numerous unfinished inventions went up in smoke.

“There go all my mistakes!” he said with amazing cheerfulness. And then he went right back to work.

I wondered if there was enough positive energy left in me to start again as bravely as Edison had. Contemplating these things somehow eased the pain and melted away that woozy feeling of defeat. I struggled to stand up from where I had fallen to my knees in frustration, and I forced the corners of my mouth into a smile.

Oh, some things in life seem totally unfair! But I refused to let defeat overcome me in that moment or have any bearing on my future efforts. I decided to see this situation not as the tragic end to all the projects that were lost, but rather as a new beginning for each of them in a future that was yet to unfold.

This is the first I’ve written since Demolition Day. “There go all my mistakes,” I’m saying. And I’m not going to quit. I’m on the rebound, back at my computer and ready to start again.

With backup files.


Story courtesy of Activated magazine. Art © TFI.

Corre la carrera

Run the Race

Dos horas, cinco minutos y diez segundos. Ese fue el tiempo con que el keniata Samuel Wanjiru ganó la maratón de Londres (42,195 km) de abril de 2009.

Trece días. Ese fue el tiempo que tardó en llegar a la meta el último de los 36.000 competidores, el mayor Phil Packer del ejército británico, que está parapléjico a raíz de una lesión en la columna vertebral. Con semejante demostración de perseverancia logró recaudar más de 600.000 libras (aproximadamente un millón de dólares) para obras de caridad.

Wanjiru hizo noticia por su velocidad. Packer cobró notoriedad no por su velocidad, sino por su valor y determinación. Un millar de personas se reunió para vitorear su llegada a la meta, porque tuvo la osadía de inscribirse en la carrera, y no sólo de inscribirse, sino de terminarla. Después de la lesión que sufrió el año anterior, el pronóstico había sido lapidario: nunca volvería a caminar. Es más, apenas si aprendió a desplazarse con muletas un mes antes de la maratón.

Si bien ambos hombres son respetados por sus logros, el triunfo de Packer tiene una singularidad. Nunca estuvo solo durante las extenuantes y dolorosas seis horas que tardaba en cubrir tres kilómetros cada día. Muchas personas —tanto amigos como desconocidos— lo acompañaron desde el inicio hasta el final del recorrido para expresarle sus buenos deseos y darle aliento. Entre los mensajes de felicitación enviados a su portal de Internet hasta hubo uno del príncipe Carlos.

El camino de la vida no es siempre fácil. A veces nos enfrentamos a lo que nos parecen obstáculos imposibles. Pero no transitamos solos por ese camino. Hay personas —nuestros familiares y amigos— que nos expresan sus buenos deseos y nos infunden aliento. También contamos con el apoyo de un Príncipe —aunque no de este mundo—: Jesús, el Príncipe de Paz, que nos promete Su ayuda para remontar las circunstancias adversas, persistir contra viento y marea y superar los obstáculos que se nos presenten. «Bástate Mi gracia —nos dice—; porque Mi poder se perfecciona en [tu] debilidad» (2 Corintios 12:9). Por tanto, «corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe». (Hebreos 12:1,2)


Historia gentileza de la revista Conectate. Usado con permiso.

Image credits: Image of Samuel Wanjiru courtesy of Wikimedia Commons. Image of Major Phil Packer from www.abc.net.au; used under Fair Use guidelines.