Mi diario de Adviento

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Silent Night – Noche de Paz

Presentation for children in English and Spanish. Click here to download the coloring book that goes with this Christmas song or click here to download this file (in .pdf format)

Presentación para niños en inglés y español. Haz clic aquí para descargar el libro para colorear que acompaña a esta canción de Navidad. Haz clic aqui para descargar este presentación.

El día que vi a Jesús

The Day I Saw Jesus children's story 1Vivíamos en una casa de adobe situada en un monte desde el que se domina Belén. Tenía cuatro hermanos mayores, y toda la familia se dedicaba al pastoreo. Éramos pobres, y los impuestos que nos cobraban los romanos nos hacían la vida aún más difícil. Pero pese a las privaciones, nunca perdimos la fe en el único Dios verdadero ni en Su promesa de la venida del Mesías.

Un día nos sobrevino una desgracia: estalló un incendió en la casa. A la sazón yo tenía siete años. Como mi padre y mis hermanos habían llevado las ovejas a pastar, mi madre y yo no conseguimos evitar que el fuego se extendiera rápidamente. Salí corriendo de la casa, pero una puerta en llamas se me cayó encima. Mi madre logró sacarme, pero se me quemó gravemente el rostro y perdí la vista. A la larga, las quemaduras sanaron, pero seguí ciego.

Me sentía impotente e inútil. Me quedaba horas sentado, mirando en la oscuridad sin ver nada y preguntándole a Dios por qué había permitido que me ocurriera aquello.

Mi madre trataba de animarme buscándome pequeñas tareas que pudiera realizar, y a veces mis hermanos me llevaban a los pastos con ellos. Por alguna razón, allí me sentía más cerca de Dios. Jugaba a que Él era el pastor y yo una de Sus ovejas a la que había que llevar de acá para allá.

Cinco años después del accidente, me sucedió algo increíble. Estábamos en el sitio que más me gustaba, cuando empezó a ponerse el sol. Mis hermanos me describieron la vista. Me hablaron de cada color y de cada nube, me contaron cómo giraban y se arremolinaban armoniosamente produciendo haces iridiscentes que cruzaban el cielo.

Tras el ocaso, la noche cubrió la tierra igual que me cubrían a mí las tinieblas. Una vez que las ovejas se hubieron recostado, antes de dormirnos nosotros, de golpe nos iluminó una luz brillante. Era tan resplandeciente que la percibía en la piel.

—¿Qué es? —pregunté.

—No lo sabemos —respondieron mis hermanos.

Por el tono de su voz me di cuenta de que estaban asustados.

Entonces escuchamos una voz bellísima, una voz que parecía emanar paz. «No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo —solamente un ángel es capaz de hablar así—: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre».

The Day I Saw Jesus children's story 2Enseguida todos ahogaron un grito cuando un estallido de luz, aún más intenso que el primero, llenó la noche; y oímos a las huestes celestiales que alababan a Dios: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la Tierra paz a los hombres de buena voluntad!» ¡Fue magnífico! Sus voces resonaban con la gloria y el poder de Dios. Después, tan repentinamente como habían aparecido, se desvanecieron.

Pasaron varios minutos sin que nadie pudiera emitir palabra. Mi padre rompió el silencio.

—Ha nacido nuestro Salvador, y Dios consideró oportuno anunciarnos la buena nueva. ¡Vengan! Vayamos a Belén a ver al bebé del que nos hablaron los ángeles.

Amós dijo que se quedaría con las ovejas. De todos modos era su turno.

—¿Puede quedarse contigo? —le preguntó mi padre.

Yo sabía que se refería a mí.

El ruido de sus pasos se fue perdiendo después que ,pasaron la primera curva del sendero. Amós y yo nos acercamos más al fuego.

—Descríbeme otra vez a los ángeles, Amós.

Mis pensamientos se sucedían vertiginosamente. Nuestro pueblo había esperado tantos años la venida del Mesías. ¡Cómo me hubiera gustado acompañarlos! Pero ¿de qué habría servido? Me lamenté de que nunca vería al Salvador.

A la mañana siguiente, cuando el sol me despertó con sus caricias, el mismo pesar me embargaba el corazón. Entonces escuché voces entusiastas procedentes del sendero, gritos de alabanza. Alguien me llamó.

—¿Lo vieron? ¿Vieron al Salvador?

—¡Sí! —gritaron todos al unísono.

—Lo encontramos tal como nos dijo el ángel —afirmó mi padre—. No era más que un establo, y ni siquiera mejor que el nuestro; pero se percibía una presencia, algo asombroso. Sin duda era el Espíritu del Dios viviente. Nos quedamos tan maravillados y fue tal el gozo que sentimos que nos postramos y lo adoramos.

—Se llama Jesús —dijo mi hermano mayor—. Fue exactamente como lo describió papá. Nunca me había sentido así.

Aunque no podía ver el rostro feliz de mi hermano, por el tono de su voz me daba cuenta de que había cambiado.

Al emprender el regreso a casa, el nombre no dejaba de darme vueltas en la cabeza. Jesús. Jesús. Jesús.

Al cabo de unos años llegaron de Galilea novedades emocionantes. Un flamante profeta hablaba del reino de Dios. Las multitudes lo seguían. Su nombre era Jesús. ¿Acaso era el mismo Jesús, aquel del que los ángeles nos habían hablado 30 años antes? Tenía unas ganas tremendas de que fuera Él, y me moría por conocerlo.

Varios meses después, un día, estando en Belén con mi madre, oí gritos, y mucha gente pasó corriendo a mi lado. Se estaba reuniendo una gran multitud al final de la calle.

—¿Qué es? —pregunté—. ¿Qué pasa?

—¡Quítate del camino, ciego! —me dijo una voz igual de rústica que las manos que me empujaron contra el muro—. Viene el profeta, Jesús de Nazaret.

¿Sería Él de verdad?

—¡Jesús! ¡Jesús!

Mis gritos se ahogaban entre el bullicio de la muchedumbre.

—¡JESÚS! ¡JESÚS! —grité más fuerte.

De pronto todos dejaron de gritar y de empujar. ¿Qué sucedía?

—¡JESÚS! —grité una vez más en mi desesperación.

La voz que me respondió venía de delante mismo de mí, una voz vibrante de amor y compasión.

The Day I Saw Jesus children's story 3—¿Sí? ¿Qué quieres que haga por ti?

—¡Señor! —dije mientras alzaba la cabeza atónito—. Deseo que me sanes los ojos para recobrar la vista.

Me sobrevino una sensación increíble por todo el cuerpo cuando Jesús me cubrió los ojos con las manos y rogó a Su Padre celestial.

—Sean sanos.

Ya antes de abrir los ojos sabía que me había curado. Me invadió un hermoso sentimiento de paz y amor. Todo el pesar, la desesperanza y los temores de largos años se evaporaron en aquel instante. Caí de rodillas ante Él y alcé la vista para contemplar el rostro de mi Señor y Salvador.


Gentileza de la revista Conéctate. Usado con permiso.

The Day I Saw Jesus

The Day I Saw Jesus children's story 1Home was a stone and mud-brick house on a hill overlooking Bethlehem. We were a shepherd family, and I was the youngest of five brothers. We were poor, life was hard, and Roman taxes didn’t make it any easier. But despite the hardships, we never lost faith in the one true God or His promise of a coming Messiah.

One day tragedy struck. A fire broke out in our house. I was only seven at the time, and since my father and brothers were out in the fields with the sheep, the fire spread faster than my mother could put it out. As I tried to run outside, a blazing door fell on me. My mother pulled me out, but my face was badly burned and I couldn’t see. In time the burns healed, but I remained blind.

I felt hopeless and useless. I sat for hours, staring into the darkness and asking God why He had let this happen to me.

My mother tried to encourage me by finding little things that I could do, and sometimes my brothers took me to the fields with them. Somehow I felt closer to God out there, like He was the shepherd and I was one of His sheep, having to be led everywhere.

Five years after my accident, the most wonderful thing happened. We were at my favorite spot when the sun began to set. My brothers described it to me—every color and cloud, the exquisite whirling and swirling that sent iridescent streaks across the sky.

Then it was over. Night covered the earth as the darkness covered me. After the sheep were settled for the night but before we had gone to sleep, suddenly a light shone all around us—a light so bright that even I could sense it.

“What is it?” I cried.

“We don’t know,” my brothers answered. I could tell by the tone of their voices that they were frightened.

Then there came a beautiful voice—a voice that seemed to emanate peace. “Fear not, for behold, I bring you good tidings of great joy which shall be to all people.” Only angels could speak like that! “For unto you is born in the city of David the Savior, which is Christ the Lord. And this will be a sign for you: You shall find the babe wrapped in swaddling clothes and lying in a manger.”

The Day I Saw Jesus children's story 2

Then everyone gasped as a sudden burst of light even brighter than the first filled the night sky, and we heard a multitude of the heavenly host praising God. “Glory to God in the highest, peace on earth to men of good will!” It was magnificent! The glory and power of God was in their voices! Then, as suddenly as they had come, they were gone.

It was several minutes before anyone uttered a word. My father broke the silence. “Our Savior is born, and our God has seen fit to declare to us the good news! Come! Let us go to Bethlehem to see the babe the angels told us of!”

Amos said he would stay with the sheep. It was his watch anyway.

“Can he stay with you?” father asked. I knew they were talking about me.

The sound of their footsteps faded as father and the others rounded the first bend down the path. Amos and I moved closer to the campfire.

“Tell me again about the angels, Amos.” My mind was racing. Our people had waited so many years for the coming of the Messiah. How I wished I could have gone with them, but what use would that have been? I lamented that I would never see the Savior.

When I awoke the next morning, the sun had warmed my face but the same sadness filled my heart. Then I heard excited voices coming up the path—shouts of praise. Someone called out my name.

“Did you see Him? Did you see the Savior?”

“Yes!” they all called out in unison.

“We found Him just as the angel said we would,” my father said. “It was just a stable, no better than ours, but it was filled with the most wonderful presence. Surely it was the Spirit of the living God. We were overwhelmed with joy and awe, and fell to our knees and worshiped Him.”

“His name is Jesus,” my oldest brother said, “and it was just as Father said. I’ve never felt like this before!” Although I could not see my brother’s happy face, I could tell by the tone of his voice that he was changed.

As we started toward home, that name kept repeating in my mind. Jesus. Jesus. Jesus.

Many more years passed before exciting news came from Galilee. A new prophet was teaching about the kingdom of God. Multitudes followed Him—and His name was Jesus. Could it be the same Jesus—the one the angels had told us of 30 years earlier? I wanted so badly for it to be Him, and I wanted so badly to be with Him!

Some months later, one day when I was in Bethlehem with my mother, I heard shouts and the sound of people running past me. A great crowd was gathering at the end of the street.

“What is it?” I called out. “What’s happening?”

“Out of the way, blind man!” Hands that matched that rough voice pushed me to the wall. “The prophet is coming through, Jesus of Nazareth!”

Could it really be Him? “Jesus! Jesus!” My cries were drowned out by all the other commotion. “JESUS! JESUS!” I cried all the louder.

Then suddenly everyone stopped yelling and shoving. What was happening now? “JESUS!” I called once more in desperation.

The next voice came from right in front of me—a voice filled with love and sympathy. “Yes. What do you want Me to do for you?”

The Day I Saw Jesus children's story 3“My Lord!” I lifted my head in amazement. “I wish that my eyes were healed, that I might see!”

A wonderful feeling came over my entire body as Jesus placed His hands over my eyes and prayed to His Father in Heaven. “Let them be healed.”

Even before I opened my eyes, I knew I was healed. A beautiful feeling of peace and love overwhelmed me. All the sadness, all hopelessness, all the fears of all those years were washed away in that instant. I fell to my knees before Him and looked up—up into the loving face of my Lord and Savior.


Story and art courtesy of Activated magazine. Used by permission.

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