Diario de agradecimiento

Un diario de agradecimiento de una semana para niños. Este imprimible es ideal para la semana antes de Día de Acción de Gracias, pero también se puede utilizar durante todo el año. Haz clic aquí para descargar el .pdf

¡Bebe, alaba y escucha!

Drink+Praise+Listen

Palabras de Jesús

Sírvete un vaso de agua fría u otra bebida refrescante que te guste, y mientras bebes, alábame por las maravillosas, tranquilizadoras y refrescantes palabras que te doy. Bebe pausadamente e imagina que Mi Espíritu entra en ti mientras bebes el líquido refrescante. Medita en que soy el agua de vida y lo que te mantiene con vida. Luego, guarda silencio por unos instantes y escúchame mientras te doy una frase o dos de Mis amorosas y refrescantes palabras.


Adaptado de My Wonder Studio

Drink … praise … listen!

Drink+Praise+ListenWords from Jesus

Get yourself a nice big glass of cold water, or some other pleasant refreshment that you enjoy, and as you drink it, praise Me for the wonderful, soothing, refreshing words I can give you. Drink it slowly and imagine My Spirit going into you as you take in the refreshing liquid. Meditate on how I am the water of life, I am what keeps you alive. Then stop for a moment and listen while I give you a sentence or two of My loving‚ refreshing words.


Adapted from My Wonder Studio.

Cero créditos, grandes beneficios

children's story zero credits full benefitsElsa Sichrovsky

En mi primer año de universidad una de las cosas que más me disgustaban eran las clases obligatorias de educación física, que no otorgaban ningún crédito. En mi facultad, a los estudiantes de grado les exigían cuatro semestres consecutivos de educación física. Me fastidiaba esforzarme en balde.

Además, la educación física claramente no era lo mío. En el primer curso tuvimos clases elementales de bádminton. Mi profesor sonrió al ver mis primeros golpes. Su sonrisa me pareció más de socarronería que de admiración. Hubiera preferido mil veces dedicar esas horas a estudiar libros de texto o escribir ensayos que pasarlas sudando, tratando de aprender golpes elementales que la mayoría de las demás estudiantes ya sabían hacer.

Ese año me quejé de mi situación a una amiga mía que nunca había tenido oportunidad de ir a la universidad. Tras escucharme, me espetó:

—¿De qué te quejas? Muchas personas pagan importantes sumas de dinero para aprender a jugar al bádminton con un entrenador profesional. Tú puedes hacerlo todas las semanas como parte de tu programa de estudios. La verdad es que me da envidia.

Yo me quedé mirándola, demasiado perpleja para aventurar una respuesta. El curso de educación física —la pesadilla de mi vida universitaria— era para ella un plus que envidiaba. Caí en la cuenta de que podía seguir lamentándome puerilmente durante los dos años de educación física, o dejar de ser el proverbial ratón de biblioteca y desarrollar un poco mi musculatura. En lugar de obsesionarme porque no me iban a dar ningún crédito por aquellos cursos, podía centrar mi atención en el hecho de que se me ofrecía la oportunidad de aprender un deporte con un profesional.

zero 2El comentario de mi amiga me motivó a examinar mis reacciones ante otros aspectos desagradables de la vida universitaria —el menú de la cafetería, los sistemas de calificación de los profesores, los exámenes a primera hora del día— y me avergoncé al entender que mis quejas eran consecuencia de una profunda falta de confianza en el amor que Dios abriga por mí y en Su perfecta sabiduría. ¡Cómo iba a aplicar la exhortación de Pablo de dar gracias en todo si no aprendía a descubrir en cada contrariedad una perla del amor de Dios!

Al término del primer semestre no solo ya dominaba los rudimentos del bádminton, sino que había mejorado mi coordinación visomotora, amén de mi resistencia física en general. Más importante aún, tomé conciencia de las veces en que, al tropezarme con un envoltorio poco atractivo, desecho el regalo. Como dijo el poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe: «La vida resulta ser una dicha no cuando hacemos lo que disfrutamos, sino cuando procuramos disfrutar de lo que tenemos que hacer».


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