Lo que me enseñó Agar

Agar era la sirvienta egipcia de Sara, esposa de Abraham1. Al principio aparece como un personaje secundario en la crónica de Abraham y de los pactos que Dios hace con él. Dios le había prometido a Abraham una descendencia incontable como las estrellas; pero Sara —que seguía sin quedar encinta y se impacientaba al no ver cumplida la promesa de Dios— le pide a Abraham que tome a su sierva Agar por concubina.

hagar 1 (2)Abraham acepta, y al poco tiempo Agar queda en estado. Ahí es cuando las cosas comienzan a complicarse. Tanto la tradición judía como la musulmana concuerdan en que Agar era hija de un faraón y que le había sido entregada a Abraham como ofrenda en uno de sus viajes a Egipto. Es difícil saber si fue así o no. Pero más allá de su condición, empecé a imaginarme lo aislada que debió de sentirse en medio de un pueblo y una cultura completamente distintos. Puede que entonces, al caer en la cuenta de que está embarazada, piense que las cosas para ella están repuntando. Tal vez abriga la esperanza de que eso le permita definir su identidad en medio de esa gente extraña. Quizá se regodea. Sea como sea, la Biblia dice que comienza a «mirar con desprecio a su dueña»2.

Sara se queja a Abraham, y este le responde que Agar es asunto de ella y que puede hacer con ella lo que mejor le parezca. La decisión de Sara, cualquiera que fuera, motiva a Agar a huir al desierto embarazada. En la siguiente escena está junto a un manantial, aplacando su sed.

Enseguida viene la parte que me encanta: Dios manda a un ángel a buscar a esa chica fugitiva y convencerla para que regrese al campamento de Abraham. A estas alturas probablemente tiene la autoestima por los suelos y le parece que nadie la quiere. Es una chica con sus errores y sus fallos, con su ego. Una egipcia que a lo mejor sigue aferrada a sus tradiciones y adora a otros dioses. Una muchacha que ha desairado a su señora. Una joven que sin duda alguna seguirá metiendo la pata muchas veces en la vida.

No obstante, en pleno desierto, cuando está sumida en la desesperación, Dios se le hagar 2aparece, ya que más allá de las circunstancias, de las decisiones tomadas y los errores cometidos, late el corazón de una criatura a la que Él ha insuflado aliento de vida. Y es justamente eso lo que toma en cuenta Dios cuando envía al ángel a rescatar a esa muchacha cuya existencia concibió en Su imaginación y cuya historia consignó en Su libro.

Ese singular encuentro con el ángel en el desierto basta para animar a Agar a regresar a casa. Pero antes de volver le pone nombre a ese Dios que sale a su encuentro en el desierto y le habla. Lo llama «El Dios que me ve»3.

Todos tenemos días en que no nos vemos o no nos sentimos muy bien que digamos, ¿cierto? En esos días suelo andar con el pelo feo, un suéter raído —muy cómodo pero horrible—, ropa que no combina y un intenso deseo de que nadie me vea. De la misma manera, a veces mis lacras espirituales me llevan a esconderme, como cuando me asaltan dudas sobre mi amor por Dios o caigo en actitudes que necesito desechar. O cuando descuido la oración o no cumplo bien mis obligaciones. Son cosas que hacen que me sienta bastante indigna de estar en presencia de Dios.

hagar 3Sin embargo, los momentos transformadores son precisamente aquellos en que nos sentimos más indignos de ser amados y aun así Dios hace algo por nosotros y nos asegura que seguimos siendo dignos. Fue justo eso lo que hizo por Agar ese día. Le demostró que la amaba, que velaba por ella y que tenía un designio para ella. Ese es el potente efecto de ser vistos por Dios. Fue lo que le dio a Agar las fuerzas para cambiar de rumbo y regresar a una situación que apenas unos días antes se le hacía intolerable.

Hay muchos aspectos de ese relato que me gustan, pero a continuación resumo los tres principales:

En primer lugar, que para Dios no hay actores secundarios. A lo mejor la narrativa bíblica comprimió lo referente a Agar en uno o dos capítulos, confiriéndole lo que podría considerarse un papel auxiliar en el contexto de la historia de Abraham y Sara. Pero eso no quita que Dios tuviera un libro sobre Agar, en el cual ella era la protagonista: la historia de su vida. Eso se aplica a todos los que se sienten actores de reparto en la historia de otra persona.

En segundo lugar, que Dios está al tanto de tus peores momentos, los más feos, y a pesar de ello sigue creyendo en ti. Donde sea que te halles ahora mismo, sea cual sea el estado espiritual en que te encuentres, Dios te ve y cree en ti.

En tercer lugar, me encanta que Dios saliera al encuentro de Agar cuando ella huyó. Han sido tantas las ocasiones en mi vida en que he huido de las circunstancias. A lo mejor no físicamente, pero sí me escabullí emocionalmente o me cerré al sentirme abrumada. Sé que le he hecho lo mismo a Dios. Pero Él sabe con precisión dónde me encuentro —emocional, física e incluso geográficamente—, y nada puede separarme de Su amor.


1 El relato se encuentra en Génesis 16
2 Génesis 16:4 (NVI)
3 Génesis 16:13 (NVI)

Historia gentileza de la revista Conectate. Usado con permiso. 

Art (foreground of image 1 & 2, image 3) © TFI. Used by permission.

Advertisements

What Hagar Taught Me

Hagar was an Egyptian servant to Sarah, Abraham’s wife.1 She first appears as somewhat of a secondary character in the story of Abraham and the covenants God makes with him. God had promised Abraham offspring as countless as the stars, but Sarah—still not pregnant, and growing impatient at the lack of fulfillment of God’s promise—asks Abraham to take on her servant Hagar as a concubine.

hagar 1 (2)Abraham agrees, and Hagar soon finds herself expecting a child. This is where things begin to get dicey. Jewish and Muslim traditions say that Hagar was the daughter of a pharaoh and had been given to Abraham as a gift during one of his sojourns in Egypt. Whether this is factual or not is hard to determine. Regardless of status, I began to imagine how isolated this Egyptian girl must have felt amidst a people and culture completely different from her own. So when she finds herself pregnant, perhaps she begins to feel that things are looking up for her. Perhaps she hopes that here is a way to define herself amidst a strange people. Perhaps she begins to gloat. Whatever the case, the Bible tells us that she “began to despise her mistress.”2

Sarah complains to Abraham, and Abraham tells Sarah that Hagar is her business, and that Sarah can do as she sees fit. Whatever Sarah decided to do caused pregnant Hagar to run away into the desert, where we next find her sitting by a spring, slaking her thirst.

Here is the part of the story that I love: God sends an angel to find this runaway girl and talk her into returning to Abraham’s camp. This was a girl who by then probably felt worthless, unwanted, and unloved; a girl with an ego and faults and failings; a girl who was Egyptian, and who perhaps still held on to her previous traditions and pagan gods; a girl who had despised her mistress; a girl who would doubtless go on to screw up more times in the future.

But here in the desert—in the midst of her despair—God appears to Hagar, because hagar 2underneath the layers of circumstance and choice and faults and failing beat the heart of a creation God had breathed life into. And that’s what God sees and is out to rescue when He sends an angel to find this girl whose existence began in His imagination and whose life story He had recorded in His book.

That one encounter with an angel in that desert place is enough to encourage Hagar to return home. But before doing so, she gives a name to this God who searched her out and spoke to her. She called Him “the God who sees me.”3

You know those days when you’re not looking or feeling your best? Mine are generally marked by bad hair, a ratty sweater that’s as comfortable as it is ugly, mismatched clothing, and an intense desire to not be seen by anyone. Sometimes my spiritual lacks also make me feel like taking cover, such as when I have questions about how much I love God, or attitudes that need tossing, or prayers I’m neglecting to pray, or things I’m not getting around to. These are things that make me feel quite unworthy of being seen by God.

hagar 3But it’s the times when you feel most unworthy of love, and yet God does something for you and says you are still worthy, that change you. And that’s what God did for Hagar that day. He showed her that He cared for her, He was watching out for her, and He had a plan for her life. That’s the power of being seen by God. It was that power that gave Hagar inner strength to turn around and return to a situation that she’d felt was intolerable just days before.

There’s so much I like about this story, but here are three main points:

First, there are no secondary characters to God. Perhaps biblical narrative has compressed Hagar’s story into one or two chapters, and addresses her role as a supporting one to the central story of Abraham and Sarah. But God had a book with her name on it, in which she was the star—the story of her life. And that is true for everyone who feels like a secondary character in someone else’s story.

Second, God is aware of the ugliest, lowest moments of your life, yet He still believes in you. Wherever you’re at right now, whatever your spiritual or physical state, God sees you and believes in you.

Third, I love that God went and found Hagar when she ran away. There are so many times in my life when I’ve run away from situations. Perhaps not physically, but I’ve emotionally hightailed it, or closed myself off when feeling overwhelmed. I know I’ve done this to God as well. But God sees just where I’m at, emotionally and physically—geographically, too—and there’s nothing that can separate me from His love.


1. Read the story in Genesis 16.
2. Genesis 16:4 NIV
3. Genesis 16:13 NIV

Story courtesy of Activated magazine. Used by permission. Art (foreground images 1 & 2, image 3) © TFI.

Mis conversaciones con Jesús

cover“Mis conversaciones con Jesús” pone a Jesús al nivel de los niños y abordan prácticamente cada aspecto de la vida de ellos. Les enseña el maravilloso principio de que Jesús los acompaña en todo momento, los conoce y siente por cada uno un cariño especial.

Haz clic aquí para descargar el libro electrónico gratuito (en formato epub / mobi) o visite My Wonder Studio para leer en línea o descargar el contenido del libro en formato .pdf.

My Little Talks with Jesus

cover“My Little Talks with Jesus” brings Jesus right down to a child’s level, encompassing virtually every aspect of his or her life. This book will help you instill in your children the wonderful truth that Jesus is with them at all times and He knows and loves them in a very personal way.

Click here to download the free ebook (in epub/mobi format) or visit My Wonder Studio to read online or download the contents of the book in .pdf format.

Un hermano mayor

my big brother story for older children, preteens, youth

Elsa Sichrovsky

Cuando tenía nueve años, un día fui a una piscina con mi hermano mayor. Yo todavía no nadaba muy bien. Apenas sabía nadar como un perrito y flotar de espalda. Mi hermano mayor, en cambio, era un excelente nadador. Por eso mis padres lo enviaban conmigo, para que me vigilara. Aquella mañana él y yo habíamos discutido por algo que ni recuerdo; de ahí que estuviera molesta por la insistencia de mis padres en que él me acompañara. Estaba resuelta a hacer lo que me diera la gana e insistí en nadar de punta a punta por mi cuenta.

Comencé en el extremo pando de la piscina. Iba flotando de espaldas cuando de golpe se me ocurrió que debía de estar llegando a la parte honda y me dio miedo que fuera a golpearme la cabeza contra el borde. Pensando que estaba a pocos centímetros, me di la vuelta. En realidad, apenas había recorrido tres cuartas partes del largo de la piscina, pero ya no tocaba el fondo con los pies. Entré en pánico y comencé a agitar los brazos descontroladamente, lo que hizo que me entrara todavía más agua en la nariz y la boca. Estaba ahogándome y debatiéndome desesperadamente cuando sentí unos brazos que me tomaban de la cintura, me alzaban y me llevaban hacia el borde de la piscina.

—¿Estás bien? —me preguntó mi hermano.

Musité algo mientras tosía agua. Me dio vergüenza y me imaginé que me pegaría un regaño. Pero él esperó pacientemente a que me calmara y me llevó de vuelta a casa.

No recuerdo que tuviera una relación muy estrecha con mi hermano. Discutíamos por tonterías, como a cuál de los dos le había tocado la tostada más grande para desayunar y cosas así. Con todo, el día que me rescató en la piscina se puso en evidencia la solidez de nuestro vínculo fraternal. A pesar de nuestras diferencias, en el momento en que más lo necesité, él estuvo a mi lado.

El amor de mi hermano es ilustrativo de cómo Jesús —mi Hermano Mayor espiritual— es mi pronto auxilio en las tribulaciones. Aun cuando me alejo de Él por orgullo o terquedad, y discuto con Él por el modo en que obra en mi vida, mis pretensiones altaneras de independencia no le impiden rodearme con Sus brazos en los momentos de peligro y tensión.

Aunque nuestros sentimientos sean mudadizos, el amor de Dios no lo es. C. S. Lewis (1898–1963)


Gentileza de la revista Conectate. Usado con permiso. Imagen de niños diseñada por brgfx / freepik. Imagen de fondo en dominio público.

A Big Brother

my big brother story for older children, preteens, youth

By Elsa Sichrovsky

One day when I was nine, my older brother and I went for a swim. I hadn’t yet learned how to swim properly and could only do a little dog-paddling and floating on my back. My older brother was an excellent swimmer, which was why my parents had sent him along to keep an eye on me. He and I had argued that morning over something I can’t even remember, so I was annoyed that my parents insisted on him being there. I was determined to do my own thing and insisted on swimming laps by myself.

I started from the pool’s shallow end, and was floating along on my back for a while until it suddenly struck me that I might be nearing the end of the pool, and I worried about bumping my head on the pool wall. Thinking that I was just centimeters away from the edge, I flipped over. In fact I’d only reached about three-fourths of the pool’s length, but I already couldn’t reach the bottom. I panicked and started thrashing about wildly, which only served to get more water into my nose and mouth. Choking and struggling desperately, I felt two arms around my waist lifting me above water and taking me poolside.

“Are you okay?” my brother asked. I muttered something while sputtering out pool water, feeling embarrassed and expecting him to chide me. Instead, he quietly waited until I calmed down and then brought me home.

Looking back, my older brother and I weren’t particularly close. We squabbled over the smallest issues, like who had gotten a thicker slice of toast for breakfast. But the day he rescued me in the pool showed the strength of our sibling bond. In spite of all our differences, at the moment when I most needed him, he was at my side.

My brother’s love also served as an illustration of how Jesus, my spiritual Big Brother, is my ever-present help in time of trouble. Even when I turn away from Him in my pride and stubbornness, and argue with Him about His ways of working in my life, He doesn’t let my haughty pretensions of independence keep Him from putting His arms around me during times of danger and stress.

Though our feelings come and go, God’s love for us does not.—C.S. Lewis


Text courtesy of Activated magazine. Used by permission. Image of children in foreground designed by brgfx/Freepik; background image in public domain.

Historias de la Biblia: Escuchar a Dios – Bible Stories: Hearing from God

This children’s book includes the Bible stories of Noah, Abraham, Samuel and more.

Este libro para niños incluye las historias bíblicas de Noé, Abraham, Samuel y más.