Actividad: Oruga «Para ser más amable»

Una actividad entretenida para niños pequeños, gentileza de My Wonder Studio. Descárguelo gratis en color o en blanco y negro.

Click on the links to download this children’s activity (in English) in color or black and white. Courtesy of My Wonder Studio.

 

Ejercicio espiritual: Manifestar aprecio

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A todos nos hace bien que nos valoren. A continuación, un ejercicio para que practiques el arte de manifestar aprecio.

Selecciona a tres personas con las que te relacionas a diario y empéñate en manifestar gratitud o aprecio a cada una de ellas al menos una vez al día. Piensa en cualidades suyas que realmente admiras y son dignas de elogio, y expresa tu sentir mediante palabras o hechos. Al final del día tómate unos momentos para evaluar cómo te fue. ¿Cumpliste? ¿Cómo reaccionaron?

Repite el ejercicio todos los días durante una semana, con las mismas personas o con otras. Procura no escoger solamente amigos que te caen muy bien o con los que mantienes una estrecha relación. Hasta la gente más difícil tiene sus buenas cualidades.

Las muestras de aprecio no solo levantan la moral a la persona a quien van dirigidas, sino que mejoran también tu propia perspectiva de la realidad, toda vez que te ayudan a ver más positivamente a quienes te rodean. Parece que por naturaleza somos más propensos a ver lo malo que lo bueno. Por lo general son cosas relativamente insignificantes las que echan a perder nuestras relaciones, idiosincrasias que nos irritan. Al esforzarnos por buscar en los demás atributos dignos de elogio y concentrarnos en lo bueno, trascendemos la naturaleza humana y nos volvemos más positivos.

Las muestras de aprecio son contagiosas. Puede que no notes nada distinto de la noche a la mañana, pero con el tiempo siempre provocan cambios notables.


Art © TFI. Text adapted from Activated magazine.

A Spiritual Exercise: Appreciation

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Everyone benefits from appreciation. Here’s an exercise to strengthen your appreciation skills.

Pick three people that you interact with daily, and make it a goal to show appreciation to each of them at least once today. Be on the lookout for things that you genuinely admire about them or can thank or commend them for, and say or do something that tells them so. Take a moment at the end of the day to reflect on how it went. Did you meet your goal? What effect did it have on the recipients?

Repeat the exercise every day for a week, targeting some of the same people and some new ones as the week progresses. Make an effort to not choose only those people you like most or feel closest to. Even the most difficult people to get along with have some good qualities.

Showing appreciation will not only give the recipient a lift, it will also improve your own outlook by helping you view those around you more positively. It seems to be human nature to notice the bad more easily than the good, and it’s often relatively minor things that sour our relations, such as idiosyncrasies that we find irritating. By making a conscious effort to look for things to appreciate in others, focusing on the good will override human nature and make you a more positive person.

Appreciation is contagious. It may not happen overnight, but in time it will nearly always bring about a remarkable change.


Art © TFI. Text adapted from Activated magazine.

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Pon guarda a mis manos

Elsa Sichrovsky

La Biblia habla bastante del poderoso efecto de nuestras palabras. Uno de mis versículos preferidos es: «Señor, pon guarda a mi boca; vigila la puerta de mis labios». (Salmo 141:3)

Naturalmente, la Biblia se escribió mucho antes de la era actual de aplicaciones de redes sociales y mensajería; de ahí que no menciona nada acerca del efecto beneficioso o perjudicial que podría tener el uso de los dedos para escribir mensajes. Hace poco tuve una experiencia que me enseñó que lo que la Biblia advierte sobre la lengua debería servirme para textear en mis dispositivos con la misma actitud de prudencia y oración.

girl with phoneTres amigos y yo estábamos abocados a un proyecto y comunicábamos frecuentemente por Facebook Messenger. En cierta ocasión uno de ellos, John, se ausentó inesperadamente de una teleconferencia que era crucial. Como consecuencia, los demás no pudimos tomar ninguna decisión sin la información que él tenía el deber de presentar.

Exasperada por su ausencia, que hasta ese momento no tenía explicación, y la pérdida de tiempo que nos acarreó, lancé un comentario en el chat del grupo: «Detesto sostener una teleconferencia cuando falta uno de los miembros del equipo».

sad boyHasta ese momento John había sido un compañero responsable y servicial en el grupo, pero poco después de aquella ausencia perdió interés en participar. Más tarde supe por un amigo en común que el día de aquella importante cita John había tenido que atender un asunto urgente y que no había sido su intención incumplir con su compromiso. Le dolió mi exabrupto y casi decide abandonar el grupo.

Me di cuenta de que de haber sido presencial aquella conferencia, probablemente yo no hubiera hecho ese comentario. En cambio, con la sensación de seguridad que se tiene cuando uno se escuda tras la pantalla del computador, me sentí libre de soltar lo que se me ocurriera. Independientemente de que mi irritación estuviera justificada o no, caí en la cuenta de que tenía algo que aprender. «Señor, pon guarda a mis dedos; vigila mis manos cuando tipeo».


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