Gente Feliz

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La mejor versión de ti mismo

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En su libro The Life God Blesses, Gordon MacDonald cuenta una de sus experiencias en el equipo de atletismo de la Universidad de Colorado. En particular, recuerda el difícil entrenamiento junto a un compañero que se llamaba Bill. «Actualmente, todavía recuerdo la angustia que me daba el entrenamiento del lunes por la mañana. Estaba tan agotado al terminar el entrenamiento, que me iba tambaleando a los vestidores. Bill era diferente. Cuando terminaba, se quedaba descansando en el césped cerca de la pista de atletismo. Después de unos veinte minutos, mientras Gordon se duchaba, ¡Bill repetía toda la sesión de entrenamiento!

Bill no se consideraba un atleta excepcional entre sus compañeros de la universidad. Bill comentó: «Yo no era un gran atleta, pero tenía una teoría, la de tener una especie de saco como el de los que hacen trucos de magia. Me explico: en el entrenamiento o en una competición no hay un gran paso que se puede dar; pero sí se pueden hacer miles de cosas pequeñas».

Dp5BIM5VsAEA3IKEs probable que Bill no haya causado gran impacto durante sus años en la universidad, pero con el tiempo, su disciplina y empeño dieron fruto. Gracias al esfuerzo disciplinado y mejoras constantes, el poco espectacular atleta universitario que había entrenado junto a Gordon MacDonald se convirtió en un atleta mundialmente famoso: Bill Toomey, el decatleta que en 1984 fue incorporado al Salón de la Fama Olímpico.

Bill logró ese gran éxito gracias a su disciplina. La perspectiva de Gordon MacDonald lo dice todo: «La diferencia entre nosotros dos empezó los lunes por la tarde en el entrenamiento. Él no le tenía miedo a la disciplina y se entregó al máximo. Yo le tenía miedo a la disciplina e hice lo mínimo».


Historia gentileza de Anchor.

Vivir con alegría: La increíble historia de Guo Youming

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De niño, la madre de Guo Youming notó que caminaba con dificultad y se caía con frecuencia. Su anomalía empeoró hasta que le diagnosticaron distrofia muscular a la edad de 7 años. El diagnóstico fue devastador para sus padres, que debieron lidiar con el sentimiento de culpa y tristeza al enterarse de que el mal no tenía cura. Youming reveló que él también por poco da lugar a la desesperación, pero se dio cuenta de que eso no haría más que dificultarles las cosas a sus padres. En cambio, se negó a dejar que su condición le impusiera límites y se propuso «esforzarse al máximo y sonreír valientemente», según sus propias palabras. A los nueve años ya no pudo caminar y quedó confinado a una silla de ruedas. Al atrofiarse sus músculos, perdió toda funcionalidad en sus extremidades. Hoy su infatigable madre lo ayuda a comer, ir al baño, ducharse y realizar otras funciones básicas.

Pese a que Youming dependía de su madre para que lo llevara a clase, insistía en no faltar nunca. Con su actitud optimista y positiva se granjeó las simpatías de sus compañeros y profesores, que admiraban su talante victorioso ante la vida a pesar de padecer una enfermedad degenerativa.

A los 26 años Youming solo puede ingerir líquidos y depende de un respirador para el día a día. Su fortaleza física se fue deteriorando tan rápidamente que ni siquiera pudo terminar su ceremonia de graduación. Sin embargo, pasó el examen oral con notas sobresalientes y obtuvo un máster en literatura china. La literatura es su pasión. Su tesis consistió en una selección de poemas de su propia factura y otras obras. Tiene una extensión de 100.000 palabras, lo que entraña un logro monumental, teniendo en cuenta que apenas puede tipear diez palabras por minuto durante diez minutos al día, echado de espaldas y maniobrando un ratón para pulsar un teclado especial. En un futuro Youming espera pasar el examen para ejercer como empleado público.

«No podemos determinar nuestra suerte —dice Youming—, pero sí podemos decidir cómo enfrentarla. Si nos parece que la vida no tiene sentido, pues entonces debemos darle sentido. Sea que nos pasemos el día tristes o alegres, igual tendremos que vivirlo. ¿Por qué no hacerlo con alegría? Mientras yo no deje de creer que puedo resistir, Dios y los demás tampoco dejaran de creer que puedo».


Historia gentileza de la revista Conectate.

Photo de https://www.nownews.com/news/20170714/2588753