Salmos 1, con páginas para pintar

UntitledDichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos,

sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella.

Untitled2Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto
    y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!

En cambio, los malvados son como paja arrastrada por el viento. 

Untitled3Por eso no se sostendrán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos.

Porque el Señor cuida el camino de los justos,mas la senda de los malos lleva a la perdición.

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Las imágenes están en dominio público. Texto de la Biblia (NVI).

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Fluir con la corriente

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Elsa Sichrovsky

Hace unos años participé en una obra voluntaria que operaba un comedor para estudiantes de escasos recursos. Los dos primeros años ayudé con el aseo de la cocina, la compra de provisiones y la preparación de las comidas. Me resultaba gratificante saber que contribuía a producir comidas equilibradas, deliciosas y, sin embargo, económicas. Los directivos tomaron nota de mi diligencia y me encargaron tareas de mayor responsabilidad en el manejo de los recursos económicos y la confección del menú.

No obstante, el tercer año que trabajé en aquella obra asistencial los nuevos directivos cambiaron el enfoque y decidieron ofrecer clases de refuerzo de inglés y ciencias para estudiantes con dificultades de aprendizaje que vivían en zonas de riesgo. El comedor público se redujo considerablemente, y un número importante de los que trabajaban en la cocina —yo incluida— pasaron a fungir como asistentes de profesores. A la mayoría de los cocineros les gustó dejar atrás sus labores gastronómicas, ocultos tras las bambalinas, e interactuar directamente con los niños. En mi caso no fue así.

Las verduras y las ollas nunca me discutían. En el aula, en cambio, estaba con estudiantes bulliciosos, pendencieros e imprevisibles y con un profesor que tenía una opinión muy particular sobre cómo debía yo asistirlo. La inestabilidad y la incertidumbre que reinaban en el aula, sumadas a la pérdida de lo que había sido para mí un nido acogedor —un lugar en el que me sentía realizada y con todo controlado—, me resultaban enervantes. A pesar de que cumplía con mis obligaciones básicas, no ponía el mismo entusiasmo y esmero que había mostrado en la cocina.

Un día le expresé a un excompañero de la cocina mis quejas acerca de los nuevos directivos. Me dio cierta razón.

—Sí, para mí no ha sido fácil ver cambiar de rostro a esta organización a la que dediqué tanto tiempo —señaló—. Pero los cambios son parte integral de la vida. A veces vale la pena adaptarse al flujo de las cosas.

picture1—¡Pero es que no me gusta la forma en que están fluyendo! —protesté—. Me siento como pez fuera del agua.

—¿Recuerdas cuando la cocina también era algo desconocido para ti? —me preguntó.

—¡Uy, sí, parece que hubieran pasado añares! —exclamé.

—Exacto. Aprendiste mucho sobre la cocina. Y aprenderás mucho de docencia si estás dispuesta a abandonar tu zona de comodidad.

Aunque hace ya años de eso, estoy agradecida por los consejos que me dio mi amigo y los sigo teniendo presentes, ya que me ayudan a sobrellevar los dolorosos procesos de constante transformación que hay en la vida. En el momento en que me limito a hacer lo que me gusta y hago bien, freno mi crecimiento personal. En cambio, si fluyo con la corriente de cambios y dejo que me impulse, adquiero nuevas habilidades y disfruto de nuevas experiencias.


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Text courtesy of Activated magazine. Used by permission.