Bingo Día de Acción de Gracias

Un juego divertido para niños pequeños.

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Thanksgiving Bingo

A fun Thanksgiving game for little children.

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My First Words: Thanksgiving – Mis Primeras Palabras: Día de Acción de Gracias

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Practicar la gratitud – Devocionales para Día de Acción de Gracias para los niños

Ayuda a sus hijos crear una atmósfera positiva en tu hogar con este libro devocional creado específicamente para el Día de Acción de Gracias. “Practicar la gratitud” incluye 23 breves lecturas ilustrados sobre dando gracias a Dios, gratitud, contentamiento y el optimismo. El libro es ideal para niños de 6 años en adelante. Tambien disponible para descargar gratis en formato epub y mobi.

Practicing Gratitude: Thanksgiving Devotionals for Children

Read online or download this free Thanksgiving devotional book for children. The book featured 23 illustrated readings on topics such as praise, thankfulness, gratitude, contentment and positive thinking. It is also available for free in epub and mobi format.

Un ramo diferente

A fines de noviembre se celebra en Estados Unidos el Día de Acción de Gracias. Tradicionalmente marca el comienzo de la temporada navideña. Este relato trata de alguien que tenía el corazón apesadumbrado cuando llegó la fecha de dar gracias.

thanksgiving-image-1Sandra tenía la moral por los suelos cuando empujó la puerta de la florería, luchando contra una ráfaga de viento otoñal. Su vida había marchado sobre ruedas hasta que la compañía en la que trabajaba su padre amenazaba con transferirlo. Encima su hermana, cuya visita durante la fiesta esperaba con ilusión, la había llamado para decirle que no podría ir a verla.

¿Por qué voy a dar gracias? —se preguntó—.

—Buenas tardes. ¿Qué se le ofrece? —preguntó la florista, sobresaltándola sin querer—. Perdone, no quería que se sintiera ignorada.

—Me gustaría… un arreglo floral.

—¿Para el día de Acción de Gracias?

Sandra asintió con la cabeza.

—¿Quiere uno bonito pero normal, o prefiere uno que está teniendo mucho éxito, especial para este día?

Observando la curiosidad reflejada en el rostro de Sandra, prosiguió:

—Estoy convencida de que las flores dicen algo. Cada arreglo expresa un sentimiento particular. ¿Busca algo que transmita la idea de gratitud?

—¡No exactamente! —respondió Sandra con brusquedad—. Disculpe, pero es que en el último mes todo lo que podía salirme mal ha salido mal.

A Sandra le pesó haber dado una respuesta tan desagradable. Pero se sorprendió cuando Jenny, la florista, le dijo:

—Tengo el arreglo ideal para usted.

En ese momento sonó el carillón de la puerta.

—Hola, Bárbara —saludó Jenny a la clienta que entraba—. Tengo listo su pedido. Ahora se lo traigo.

Excusándose, se dirigió a la trastienda. Instantes después apareció con un enorme ramo de largos tallos de rosa decorados con follaje y cintas. Lo curioso era que el extremo de los tallos estaba cortado, y faltaban las flores.

—¿Se lo pongo en una caja? —preguntó Jenny.

thanksgiving-thornsSandra se quedó observando para ver cuál sería la reacción de Bárbara. ¿Sería una broma? ¿Quién querría tallos de rosa sin flores? Esperó que se rieran, que alguna se diera cuenta de que los espinosos tallos no tenían rosas; pero ninguna de las dos se rió.

—Sí, gracias —respondió Bárbara—. ¡Qué exquisito! Cualquiera diría que al cabo de tres años ya no me conmovería el sentido de este ramo. Sin embargo, todavía me emociona. Gracias.

Sandra no cabía en sí de asombro. «¿Cómo puede darse una conversación tan normal en torno a un ramo tan extraño?», pensó.

—Este… —intervino Sandra—. La señora que acaba de salir…

—Dígame.

—¡El ramo que se llevó no tenía flores!

—Así es, yo las corté.

—¿Las cortó?

—Pues sí. Ese es el arreglo especial. Lo llamo ramo de espinas de acción de gracias.

—Y ¿cómo puede haber gente que pague por eso? —preguntó Sandra soltando una carcajada a pesar de como se sentía.

—¿Quiere que se lo explique?

—No puedo irme de la tienda con la intriga. ¡No me lo podría quitar de la cabeza!

thanksgiving-florist—Pues verá, hace tres años Bárbara entró a esta florería sintiéndose muy por el estilo de
cómo se siente usted hoy. Le parecía que no tenía motivos para sentirse agradecida. Su padre había muerto de cáncer y ella iba a tener que someterse a una delicada intervención quirúrgica.

—¡Uy! —exclamó Sandra.

—Ese mismo año —explicó Jenny— perdí a mi marido. Tuve que hacerme cargo de la tienda, y por primera vez pasé las fiestas sola. No tenía esposo ni hijos, ni ningún pariente que viviera cerca. Además, estaba muy endeudada para viajar.

—¿Qué hizo?

—Aprendí a valorar las espinas.

—¿Las espinas? —preguntó Sandra visiblemente asombrada.

—Tengo hondas convicciones cristianas —explicó la florista—. Siempre he dado gracias a Dios por las cosas buenas de la vida, y jamás se me ocurrió preguntarle por qué tenía esas buenas experiencias. Pero cuando llegó la mala suerte, ¡vaya si lo cuestioné! Me tomó tiempo aprender que las etapas sombrías de nuestra existencia son importantes. Aunque siempre me han gustado las flores de la vida, hicieron falta las espinas para que llegara a apreciar el consuelo de Dios. Dice la Biblia que Dios nos consuela en la aflicción, y que gracias a ese consuelo aprendemos a consolar al prójimo.

Se disponía a pedirle a Jenny que prosiguiera su relato cuando volvió a sonar el carillón.

—¡Phil! —exclamó Jenny.

—¡Vengo a buscar doce largos tallos de rosa llenos de espinas! —dijo soltando una sonora carcajada.

—Me lo imaginaba. Los tengo listos —repuso Jenny sacándolos de la vitrina frigorífica.

—¡Qué maravilla! —comentó Phil—.

Sandra no pudo resistir la tentación de preguntarle.

—Si no es indiscreción, ¿le importaría decirme por qué espinas?

—Me alegra que me lo pregunte —contestó—.El año pasado entré aquí el día de Acción de Gracias para comprar flores. Seguramente dije que acababa de pasar una época difícil, porque Jenny me contó que durante mucho tiempo había tenido un jarrón con tallos de rosa. ¡Con puros tallos! Era un recordatorio de lo que había aprendido en circunstancias espinosas. Eso me gustó. Así que me llevé unos tallos a mi casa. Decidí rotular cada uno con el nombre de una dificultad que había tenido y dar gracias por lo que había aprendido de la experiencia. Y estoy bastante seguro de que esto de los tallos se va a convertir en una tradición.

Phil pagó a Jenny, le dio las gracias una vez más y, mientras salía, le dijo a Sandra:

—Le recomiendo encarecidamente el ramo de espinos.

—No sé si soy capaz de dar gracias por las espinas de mi vida —le comentó Sandra a Jenny.

—Por experiencia, yo diría que las espinas realzan la belleza de las rosas. En los momentos difíciles apreciamos más que nunca cómo vela por nosotros la Providencia. No olvide que Jesús tuvo en la cabeza una corona de espinas para que conociéramos Su amor. No se queje de las espinas.

Por las mejillas de Sandra rodaron unas lágrimas.

—Deme doce tallos largos y espinosos —pidió.

—Esperaba que los pidiera —repuso Jenny—. En un momento se los tengo listos. Cada vez que los vea se acordará de apreciar tanto los buenos momentos como los malos. Unos y otros nos ayudan a aprender.

—Gracias. ¿Qué le debo?

—Nada. El primer año siempre corre por cuenta de la casa. Feliz día de Acción de Gracias, Sandra —dijo Jenny entregándole el ramo—. Espero que lleguemos a conocernos más.

Sonriendo, Sandra se dio media vuelta, abrió la puerta y emprendió el camino de la esperanza.


Cuento adaptado de la revista Conéctate. Usado con permiso.

Image Credits:

Image 1: Sayuko via Deviantart.com; used under Creative Commons License

Image 2: Sayuko via Deviantart.com; used under Creative Commons License

Image 3: ProFlowers via Flickr; used under Creative Commons License

The Thanksgiving Special

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Sandra felt low as she pushed against a November gust and the florist shop door. Her life had been easy, like a spring breeze. Then her father’s company threatened a transfer. On top of that her sister, whose holiday visit she coveted, called saying she could not come. Sandra shuddered. Thanksgiving? Thankful for what?—she wondered.

“Good afternoon. Can I help you?” The flower shop clerk’s approach startled her. “Sorry,” said the clerk, whose name was Jenny. “I just didn’t want you to think I was ignoring you.”

“I need an arrangement.”

“For Thanksgiving?”

Sandra nodded.

“Do you want beautiful but ordinary, or would you like to challenge the day with a customer favorite I call the Thanksgiving Special?” Jenny saw Sandra’s curiosity and continued. “I’m convinced that flowers tell stories, that each arrangement suggests a particular feeling. Are you looking for something that conveys gratitude this Thanksgiving?”

“Not exactly!” Sandra blurted. She regretted her outburst but was surprised when Jenny said, “I have the perfect arrangement for you.” The door’s small bell suddenly rang.

“Barbara! Hi,” Jenny said. “I have your order ready. Just a moment.” She politely excused herself from Sandra and walked toward a small workroom. She quickly reappeared carrying a massive arrangement of greenery, bows, and long-stemmed thorny roses. Only, the ends of the rose stems were neatly snipped, no flowers. “Want this in a box?” Jenny
asked.

thanksgiving-thornsSandra watched for Barbara’s response. Was this a joke? Who would want rose stems and no flowers! She waited for laughter, for someone to notice the absence of flowers atop the thorny stems, but neither woman did.

“Yes, please. It’s exquisite,” said Barbara. “You’d think after three years of getting the Special, I’d not be so moved by its significance, but it’s happening again. Thanks.”

Sandra stared. Why so normal a conversation about so strange an arrangement? she wondered. Sandra pointed and blurted out, “That lady just left with, uh…”

“Yes?”

“Well, she had no flowers!”

“Right, I cut off the flowers.”

“Off?”

“Off. Yep. That’s the special. I call it the Thanksgiving Thorns Bouquet.”

“But, why do people pay for that?” In spite of herself, Sandra chuckled.

“Do you really want to know?”

“I couldn’t leave this shop without knowing. I’d think about nothing else!”thanksgiving-florist

“Barbara came into the shop three years ago feeling very much like you feel today,” Jenny explained. “She thought she had very little to be thankful for. She had lost her father to cancer and she faced major surgery.”

“Ouch!” said Sandra.

“That same year,” Jenny explained, “I had lost my husband. I assumed complete responsibility for the shop and for the first time, spent the holidays alone. I had no children, no husband, no family nearby, and too great a debt to allow any travel.”

“What did you do?”

“I learned to be thankful for thorns.”

Sandra’s eyebrows lifted. “Thorns?”

“I’m a Christian. I’ve always thanked God for good things in life and I never thought to ask Him why good things happened to me. But when bad stuff hit, did I ever ask! It took time to learn that dark times are important. I had always enjoyed the ‘flowers’ of life but it took thorns to show me the beauty of God’s comfort.”

Sandra started to ask Jenny to go on when the door’s bell diverted their attention.

“I’m here for twelve thorny long-stemmed stems!” Phil laughed, heartily.

“I figured as much,” said Jenny. “I’ve got them ready.” She lifted a tissue-wrapped arrangement from the refrigerated cabinet.

“Beautiful,” said Phil.

Sandra could not resist asking. “Why thorns?”

“I’m glad you asked,” he said. “Last Thanksgiving I stopped in here for flowers. I must have mentioned surviving a tough process because Jenny told me that for a long time she had kept a vase of rose stems—stems! —as a reminder of what she had learned from thorny times. That was good enough for me. I took home stems. I decided to label each one for a specific thorny situation and give thanks for what the problem taught me. I’m pretty sure this stem review is becoming a tradition.”

Phil paid Jenny, thanked her again, and as he left, said to Sandra, “I highly recommend the Special!”

“I don’t know if I can be thankful for the thorns in my life,” Sandra said to Jenny.

“Well, my experience says that the thorns make the roses more precious. We treasure God’s care more during trouble than at any other time. Remember, Jesus wore a crown of thorns so that we might know His love. Do not resent thorns.”

Tears rolled down Sandra’s cheeks. “I’ll take twelve long-stemmed thorns, please.”

“I was hoping you would,” Jenny said. “I’ll have them ready in a minute. Then, every time you see them, remember to appreciate both good and hard times. We grow through both.”

“Thank you. What do I owe you?”

“Nothing. The first year’s arrangement is always on me.” Jenny said, “Happy Thanksgiving, Sandra,” handing her the Special. “I look forward to our knowing each other better.”

Sandra smiled. She turned, opened the door and walked toward hope.


Author unknown, story adapted from Activated! magazine. Used by permission.

Image Credits:

Image 1: Sayuko via Deviantart.com; used under Creative Commons License

Image 2: Sayuko via Deviantart.com; used under Creative Commons License

Image 3: ProFlowers via Flickr; used under Creative Commons License