Parábola del árbol caído

Érase una vez un árbol sobre el que se abatió un vendaval, y que fue a caer de bruces sobre el suelo duro.

En el momento en que golpeó con estruendo la tierra húmeda —él que nunca se había golpeado con nada, que solo se mecía suavemente con la brisa— supo que jamás se volvería a levantar.

El árbol lloró, de dolor, de tristeza, de rabia, de frustración. Veía a los demás árboles, que estaban erguidos, y lloraba. Primero quedó largo tiempo tendido en medio de sus ramas rotas, inerte, como si meditara qué hacer con su tremendo cuerpo.

Luego echó tímidamente algunos brotes, que se hicieron vástagos, que se convirtieron en ramas que apuntaban todas hacia arriba, hacia el cielo, en un intento de recuperar en alguna medida ese carácter aéreo que había tenido antes. Hizo lo que pudo, y dejó que el tiempo hiciera lo demás.

No tardó en descubrir su nueva utilidad. Los niños, desde pequeñitos, lo escogían para montar a caballo o se imaginaban que era un castillo. La gente se detenía para tomarse fotos con él. Unas veces servía de escenario de juegos; otras, de refugio. Las ardillas y los excursionistas lo usaban para cruzar el río. Y así halló una nueva vida, feliz —muy diferente, pero feliz—, y supo que aquel era su destino.

Ha llovido mucho desde entonces, y el árbol caído sigue acostado en el suelo, sosteniendo hacia arriba sus ramas. El musgo ha cubierto las heridas que se hizo al caer. Con el tiempo se ha convertido en un bello e importante elemento del paisaje, tanto así que los que diseñaron el parque lo tuvieron en cuenta.

De vez en cuando el árbol recuerda y piensa, y da gracias por el día en que la fatalidad se cebó en él. Aunque nunca volverá a ser como fue, ni como los demás, está contento. Sabe que ha descubierto su lugar, su papel, y que su futuro está en manos del Creador.

¿No son también así nuestras vidas? Aunque no suelen discurrir como nos imaginábamos, pueden tener un desenlace más rico, profundo y significativo si dejamos que Dios se valga de las tormentas para obrar en nosotros conforme a Su voluntad.

Él obtiene grandes victorias de lo que parecen derrotas.


Text adapted from Activated magazine. Image 1 by Michael_Browning from Freerange Stock. Image 2 courtesy of Wikimedia Commons.

The Fallen Tree

A tree was struck by a gale and fell on its face on the hard ground.

As it hit the damp earth with a crash—having never hit anything before, having only swayed softly in the breeze—it instinctively knew that it would never rise again.

The tree sobbed, from pain, sadness, rage, frustration. It saw the other trees still standing and cried. It lay for a long time among its broken branches, dormant, as if meditating on what to do with its colossal body.

Then it timidly sprouted some shoots. The shoots became twigs, which became branches, all reaching up towards the sky in an attempt to recover to some extent the aerial nature it had had before. It did what it could and allowed time to do the rest.

Soon it discovered a new purpose. Small children chose it to play “horsey” or pretended it was a castle; it became a favorite photo setting, a playground, a refuge. Hikers and squirrels alike used it to bridge the creek. And so, the tree found a new life, a happy life—albeit vastly different from what it had known before—and it realized that this was its destiny.

It has rained a lot since then, and the fallen tree is still lying on the ground, offering up its branches. Moss has covered the wounds from its fall. Over time it has become a beautiful and important element of the landscape, so much so that the builders took it into account when they designed the park.

From time to time the tree remembers and thinks, and it gives thanks for the day when fate vented its fury on it. Although it will never again be as it once was, or like the other trees, it is content, knowing that it has found its own place and role and that its future is in the Creator’s hands.

Could this perhaps also be our story? Though our lives don’t usually go as expected, the outcome may be a richer, deeper, more meaningful one as we let God use the storms as He sees fit.

God gets some of the greatest victories out of our seeming defeats.


Text adapted from Activated magazine. Image 1 by Michael_Browning from Freerange Stock. Image 2 courtesy of Wikimedia Commons.

12 Piedritas Fundamentales Clase 11B (Para Niños Más Pequeños) – Superar Conflictos: El Crecimiento Espiritual

Pasos que podemos dar para crecer y madurar en nuestra relación con el Padre celestial.

12 Foundation Stones Class 11B for Younger Children – Overcoming Problems: Spiritual Growth

Steps you can take to grow in your relationship with your heavenly Father.

12 Piedritas Fundamentales Clase 11A (Para Niños Más Pequeños): Superar Conflictos – Pasos Para Vencer

12 Foundation Stones Class 11A for Younger Children: Overcoming Problems – Steps to Victory

¡Pide y recibirás!

Era día de examen para mi hermano y para mí. Estábamos a punto de poner a prueba todas aquellas largas noches que habíamos pasado estudiando. Ya habíamos tomado un examen. Nuestro profesor nos envió un enlace con los pases para el examen de ese día en la universidad, y yo me conecté para imprimirlos.

Me topé entontes con un inconveniente. El sitio web únicamente cargaba mi pase para el examen anterior. No teníamos sino tres horas para entrar a la sala de exámenes. Eso podía ser un problema. Recorrí la página web de la universidad hasta que vi una línea de ayuda. Llamé y enseguida sonó una grabación de voz que decía: «Por favor espere. Atenderemos su problema en un minuto».

Me molesté, pero esperé. Al cabo de un rato, sonó una nueva grabación. «¿Sabía que puede recibir asistencia para cualquier consulta en nuestra nueva línea de ayuda? Simplemente marque el número tal y tal», que resultó ser el mismo que yo acababa de marcar. Exasperada, corté la comunicación. Volví al sitio web y lo intenté de nuevo. Pero no hubo caso.

Justo entonces apareció una notificación en mi teléfono. Era mi aplicación del versículo bíblico del día. Mateo 7:7 «Pidan, y se les dará. Busquen y hallarán. Llamen, y se les abrirá».

Cerré los ojos y recé: «Te pido, Jesús, que por favor arregles las cosas para que nos envíen los pases del examen». Entonces, sin preocuparme más, tecleé nuestros números de estudiante y, sin revisar siquiera las páginas, las imprimí. Cuando las saqué de la impresora vi que no eran para ese día. Aunque me tenté a probarlo de nuevo, recordé el versículo bíblico. Había pedido y confiaría en que esa era la respuesta.

Cuando llegó la hora del examen el personal ni siquiera echó un vistazo a nuestros pases. La recepcionista nos saludó alegremente, pues nos recordaba del examen anterior. Nos acompañó a nuestros asientos. Hicimos la prueba y nos fue muy bien.

Dios no siempre responde a mis oraciones como creo que debería, pero siempre responde y nunca me deja tirada. ¡Pide y recibirás!


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Grandes Aventuras de la Biblia, parte 1 

Cuentos y canciones de la biblia para niños.

Great Adventures, Part 1

Bible stories and songs for kids.