La mejor versión de ti mismo

Track Athlete Stadium Sports Field Running

En su libro The Life God Blesses, Gordon MacDonald cuenta una de sus experiencias en el equipo de atletismo de la Universidad de Colorado. En particular, recuerda el difícil entrenamiento junto a un compañero que se llamaba Bill. «Actualmente, todavía recuerdo la angustia que me daba el entrenamiento del lunes por la mañana. Estaba tan agotado al terminar el entrenamiento, que me iba tambaleando a los vestidores. Bill era diferente. Cuando terminaba, se quedaba descansando en el césped cerca de la pista de atletismo. Después de unos veinte minutos, mientras Gordon se duchaba, ¡Bill repetía toda la sesión de entrenamiento!

Bill no se consideraba un atleta excepcional entre sus compañeros de la universidad. Bill comentó: «Yo no era un gran atleta, pero tenía una teoría, la de tener una especie de saco como el de los que hacen trucos de magia. Me explico: en el entrenamiento o en una competición no hay un gran paso que se puede dar; pero sí se pueden hacer miles de cosas pequeñas».

Dp5BIM5VsAEA3IKEs probable que Bill no haya causado gran impacto durante sus años en la universidad, pero con el tiempo, su disciplina y empeño dieron fruto. Gracias al esfuerzo disciplinado y mejoras constantes, el poco espectacular atleta universitario que había entrenado junto a Gordon MacDonald se convirtió en un atleta mundialmente famoso: Bill Toomey, el decatleta que en 1984 fue incorporado al Salón de la Fama Olímpico.

Bill logró ese gran éxito gracias a su disciplina. La perspectiva de Gordon MacDonald lo dice todo: «La diferencia entre nosotros dos empezó los lunes por la tarde en el entrenamiento. Él no le tenía miedo a la disciplina y se entregó al máximo. Yo le tenía miedo a la disciplina e hice lo mínimo».


Historia gentileza de Anchor.

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El Nilo Rojo

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Cuando cumplí nueve años me regalaron un librito que enseñaba a pintar con acuarelas. Yo estaba entusiasmadísima y comencé a pasar ansiosamente las páginas. De repente se me cayó el alma a los pies: la primera cuarta parte del libro consistía en ejercicios tonales y descripciones de trazos y mezclas de colores. ¡Qué aburrido! Decepcionada, pasé a la siguiente sección, que daba consejos sobre pinceles y tipos de papel. «No necesito todo esto —pensé—. ¿Dónde está la parte entretenida?»

Avancé hasta la mitad del libro, donde me llamó la atención un cuadro de unas fresas. El producto final se veía prometedor, y las fotos instructivas que mostraban el proceso paso a paso parecían fáciles de seguir. Ahí sí se ponía interesante el libro. Mojé el pincel en el agua y me di a la tarea.

No tuve mayores dificultades con la base de amarillo limón para hacer los toques de luz en las fresas; pero cuando traté de aplicar el color naranja para los tonos medios, resultó que mi mezcla contenía demasiada agua y muy poca pintura. Nunca había mezclado acuarelas. No tenía ni idea de cómo se hacía.

El papel delgado de mala calidad sobre el que estaba pintando se resistía a absorber el rojo intenso para los tonos más oscuros y comenzó a deshacerse, sobresaturado por las abundantes capas de pintura acuosa a la que no había dado ocasión de secarse. Aquello más parecía un cuadro del río Nilo azotado por las plagas.

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En un intento desesperado por salvar mi obra, quise pintar los sombreritos verdes de las frutillas; pero mi pincel era demasiado grueso y se escurrió pintura verde hacia el rojo, formando una grotesca laguna marrón. Para cuando logré limpiar aquel pegote, ya había decidido no volver a agarrar un pincel.

Sin embargo, a la mañana siguiente mi descorazonamiento había dado paso a una resolución: destinaría parte de mis ahorrillos a la compra de los útiles que necesitaba y me tomaría la molestia de estudiar y practicar. A la larga me di el gusto de pintar paisajes y bodegones, y hasta el cuadro de las fresas. Ahí me di cuenta de que toda la parte aburrida me había servido de base para lograr obras bien acabadas.

red nile 3Con frecuencia ansío cumplir mis metas rápida y fácilmente y me desanimo o pierdo el entusiasmo cuando me topo con obstáculos y dificultades. Aún no he descubierto la pildorita mágica del éxito, pero la enseñanza que me dejó aquel Nilo rojo me recuerda que tengo que arremangarme y perseverar en los momentos tediosos, difíciles o desagradables. Es la única forma de plasmar unas fresas en un lienzo.


Historia gentileza de la revista Conéctate. Usado con permiso.

Image 1: Nonexistent World via Deviantart.com. Used under Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 3.0 License.

Image 2: Created by Starline – Freepik.com

Image 3: public domain

Red Nile

By Elsa Sichrovskyred nile 1

For my ninth birthday, I got an instruction book on watercolor painting. I was thrilled and eagerly flipped through its pages, only to frown in disappointment—the entire first quarter of the book consisted of tonal exercises and descriptions of brush strokes and color mixing. How boring! Sighing, I skimmed the book’s next section: advice on various paintbrushes and grades of paper.I don’t need all this. Where’s the fun part?

I skipped to the middle of the book, where a still-life painting of strawberries caught my eyes. The finished product looked promising, and the step-by-step instructional photos seemed easy to follow. Here was the real action! I dipped my paintbrush into the water and began.

The base wash of lemon yellow for the highlights on my strawberries went smoothly enough, but when I tried to apply the orange paint for the mid-tones, it turned out that my mixture contained far too much water and far too little paint. I had never mixed paint and had no idea how it’s properly done.

The thin, poor-quality paper I was using refused to absorb the deep red for the darkest tones and began to dissolve into soggy shreds, over-saturated by the abundant, watery washes of paint that I hadn’t allowed to dry. My beautiful colors resembled a plague-stricken Nile River!

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In a desperate attempt to salvage my efforts, I tried to paint on the strawberries’ green caps, but my oversized paintbrush sent green paint streaking into the red wash, forming a grotesque brownish pool. By the time I managed to clean up my soggy mess, I’d determined to never pick up a paintbrush again.

By morning, however, my devastation had given way to new resolve: I would spend some of my precious pocket money on the correct materials, and I’d take the time to study and practice. Eventually, I had the pleasure of painting those landscape and still-life pieces—yes, even the strawberries—and I saw then how all that “boring stuff” had been the foundation for my later success.

red nile 3I often long to reach my goals quickly and easily and become dismayed and disheartened when I face obstacles, setbacks, and difficulties along the way. I haven’t discovered a magic pill for success, but the “Red Nile” lesson reminds me to buckle down and persevere through the tedious, unpleasant, or tough times. That’s the only way to get strawberries on a canvas.

 


Story courtesy of Activated magazine. Used by permission.

Image 1: Nonexistent World via Deviantart.com. Used under Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 3.0 License.

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