Una receta saludable

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Gentileza de My Wonder Studio.

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Versículos de la Biblia: Escuela – Bible Verses: School

Paginas para pintar para niños, con versículos de la Biblia en inglés y español. / Bible verse coloring pages for children, with Bible verses in English and Spanish.

Bible verses for children: School - versiculos del a biblia para ninos: escuelaSlide2Slide3Slide4

Encarar los temores

Facing fears children's story

Una señora quedó atrapada en un edificio en llamas. Se hallaba en el piso 80. Le daban pánico las alturas y los espacios cerrados. Cuando sonó la alarma contra incendios, se negó a seguir a sus colegas por las escaleras para evacuar el lugar y ponerse a salvo.

Los bomberos registraron el edificio y la encontraron escondida debajo de su escritorio, resignada a morir. Cuando le insistieron para que bajara por la escalera, ella se puso a gritar:

—¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo!

Finalmente uno de ellos le dijo:

—Está bien. Baje con miedo.

El bombero le repitió esa frase una y otra vez mientras bajaban los ochenta pisos para ponerse a salvo.

Todos nos enfrentamos a momentos en que sabemos lo que hay que hacer, pero el miedo nos impide avanzar. Para sobresalir, debemos cultivar la costumbre de actuar frente al temor. Está bien tener miedo; hazlo con miedo. Está bien sentirse inseguro; hazlo con inseguridad. Está bien sentirse incómodo; hazlo con incomodidad.

Al principio, un nuevo desafío puede resultarnos muy incómodo y hasta asustarnos. No obstante, si nos ponemos de forma deliberada en una situación de vulnerabilidad y hacemos eso que nos da miedo, se va volviendo más fácil y cada vez lo hacemos mejor. A la larga el miedo desaparece. ¡Eso es vencer nuestros temores!


Gentileza de la revista Conéctate. Usado con permiso. Imagen de Vexels.com

Facing Fears

Facing fears children's story

A woman was trapped in a burning building on the 80th floor. She was terrified of heights and enclosed spaces, and when the fire alarm went off, she refused to follow her colleagues into the stairwell to evacuate to safety.

The firemen did a sweep of the building and found her hiding under her desk, waiting to die. She was screaming “I’m scared, I’m scared!” as the firemen insisted she walk down the stairwell until one fireman said, “That’s OK, just do it scared.” He repeated it all the way down the 80 flights of stairs, until he brought her to safety.

We’ve all faced these moments—when you know what has to be done, but your fear holds you back. In order to stand out, you must develop the habit of acting in the face of fear. It’s fine to be scared—do it scared. It’s fine to be unsure—do it unsure. It’s fine to be uncomfortable—do it uncomfortable.

A new challenge can be very awkward, even scary at first. But if we deliberately put ourselves out there and do the very thing that we’re afraid of, it becomes easier and we get better at it. Eventually we will no longer be afraid. That is conquering our fears!


Story courtesy of Activated magazine. Used by permission. Image by Vexels.com

Un hermano mayor

my big brother story for older children, preteens, youth

Elsa Sichrovsky

Cuando tenía nueve años, un día fui a una piscina con mi hermano mayor. Yo todavía no nadaba muy bien. Apenas sabía nadar como un perrito y flotar de espalda. Mi hermano mayor, en cambio, era un excelente nadador. Por eso mis padres lo enviaban conmigo, para que me vigilara. Aquella mañana él y yo habíamos discutido por algo que ni recuerdo; de ahí que estuviera molesta por la insistencia de mis padres en que él me acompañara. Estaba resuelta a hacer lo que me diera la gana e insistí en nadar de punta a punta por mi cuenta.

Comencé en el extremo pando de la piscina. Iba flotando de espaldas cuando de golpe se me ocurrió que debía de estar llegando a la parte honda y me dio miedo que fuera a golpearme la cabeza contra el borde. Pensando que estaba a pocos centímetros, me di la vuelta. En realidad, apenas había recorrido tres cuartas partes del largo de la piscina, pero ya no tocaba el fondo con los pies. Entré en pánico y comencé a agitar los brazos descontroladamente, lo que hizo que me entrara todavía más agua en la nariz y la boca. Estaba ahogándome y debatiéndome desesperadamente cuando sentí unos brazos que me tomaban de la cintura, me alzaban y me llevaban hacia el borde de la piscina.

—¿Estás bien? —me preguntó mi hermano.

Musité algo mientras tosía agua. Me dio vergüenza y me imaginé que me pegaría un regaño. Pero él esperó pacientemente a que me calmara y me llevó de vuelta a casa.

No recuerdo que tuviera una relación muy estrecha con mi hermano. Discutíamos por tonterías, como a cuál de los dos le había tocado la tostada más grande para desayunar y cosas así. Con todo, el día que me rescató en la piscina se puso en evidencia la solidez de nuestro vínculo fraternal. A pesar de nuestras diferencias, en el momento en que más lo necesité, él estuvo a mi lado.

El amor de mi hermano es ilustrativo de cómo Jesús —mi Hermano Mayor espiritual— es mi pronto auxilio en las tribulaciones. Aun cuando me alejo de Él por orgullo o terquedad, y discuto con Él por el modo en que obra en mi vida, mis pretensiones altaneras de independencia no le impiden rodearme con Sus brazos en los momentos de peligro y tensión.

Aunque nuestros sentimientos sean mudadizos, el amor de Dios no lo es. C. S. Lewis (1898–1963)


Gentileza de la revista Conectate. Usado con permiso. Imagen de niños diseñada por brgfx / freepik. Imagen de fondo en dominio público.

A Big Brother

my big brother story for older children, preteens, youth

By Elsa Sichrovsky

One day when I was nine, my older brother and I went for a swim. I hadn’t yet learned how to swim properly and could only do a little dog-paddling and floating on my back. My older brother was an excellent swimmer, which was why my parents had sent him along to keep an eye on me. He and I had argued that morning over something I can’t even remember, so I was annoyed that my parents insisted on him being there. I was determined to do my own thing and insisted on swimming laps by myself.

I started from the pool’s shallow end, and was floating along on my back for a while until it suddenly struck me that I might be nearing the end of the pool, and I worried about bumping my head on the pool wall. Thinking that I was just centimeters away from the edge, I flipped over. In fact I’d only reached about three-fourths of the pool’s length, but I already couldn’t reach the bottom. I panicked and started thrashing about wildly, which only served to get more water into my nose and mouth. Choking and struggling desperately, I felt two arms around my waist lifting me above water and taking me poolside.

“Are you okay?” my brother asked. I muttered something while sputtering out pool water, feeling embarrassed and expecting him to chide me. Instead, he quietly waited until I calmed down and then brought me home.

Looking back, my older brother and I weren’t particularly close. We squabbled over the smallest issues, like who had gotten a thicker slice of toast for breakfast. But the day he rescued me in the pool showed the strength of our sibling bond. In spite of all our differences, at the moment when I most needed him, he was at my side.

My brother’s love also served as an illustration of how Jesus, my spiritual Big Brother, is my ever-present help in time of trouble. Even when I turn away from Him in my pride and stubbornness, and argue with Him about His ways of working in my life, He doesn’t let my haughty pretensions of independence keep Him from putting His arms around me during times of danger and stress.

Though our feelings come and go, God’s love for us does not.—C.S. Lewis


Text courtesy of Activated magazine. Used by permission. Image of children in foreground designed by brgfx/Freepik; background image in public domain.