Tarjetas de La Vida de Jesús – Parte 6

Actividad devocional para niños, con una tarjeta/historia por día. 

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¿Cuál es tu fuente?

¿Alguna vez han puesto un tallo de apio en agua con colorante? El apio empieza a cambiar de color a medida que absorbe el agua por el tallo. Tarda unos días apreciar el cambio, pero con el tiempo el tallo del apio toma el color del agua. Con esa misma facilidad el apio absorbe venenos y pesticidas que pululan en el aire y en la tierra.

Nuestro espíritu actúa también así. La fuente de nuestro alimento o de los datos que absorbemos, lo que sea a lo que nos exponemos, influye en nosotros para bien o para mal. Nos vemos continuamente asediados por información, ya a través de la internet, ya a través películas, música, libros y por supuesto de las personas con las que interactuamos. Sin embargo, la manera en que nos influyen no siempre es tan notoria como el efecto del agua en el apio.

Parte de esas cosas de las que nos alimentamos parece inofensiva, hasta buena, pero puede terminar causando un efecto negativo. Otra puede disfrutarse sin inconveniente y quizá sea inocua. Incluso puede llegar a alimentarnos intelectualmente e incrementar nuestros conocimientos y competencias. Así y todo, es posible que no proporcione a nuestro espíritu el sustento que precisa para desarrollarse con fuerza.

Por eso Jesús nos instruye a permanecer en Él, nos dice que hagamos de Él nuestra fuente. Nos ofrece el agua de vida, la única que saciará para siempre nuestro espíritu. Salmo 1:3 expresa que los que se deleitan en los caminos y la Palabra de Dios son «son como árboles plantados a la orilla de un río, que siempre dan fruto en su tiempo. Sus hojas nunca se marchitan, y prosperan en todo lo que hacen».

Plantemos nuestras raíces firmemente a orillas de esos ríos de agua viva.


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12 Piedritas Fundamentales Clase 11B (Para Niños Más Pequeños) – Superar Conflictos: El Crecimiento Espiritual

Pasos que podemos dar para crecer y madurar en nuestra relación con el Padre celestial.

Tarjetas de La Vida de Jesús – Parte 5

Actividad devocional para niños, con una tarjeta/historia por día. 

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Art by Didier Martin.

¡Tantos beneficios!

¡Pasar ratos con el Señor rinde tantos beneficios! Él puede ayudarnos a resolver nuestros problemas, responder a nuestros interrogantes, aliviar nuestras penas, consolarnos cuando estamos tristes, alegrarnos la vida, transportarnos al Cielo y muchísimo más.

La oración cambia las circunstancias. Es uno de los medios de los que se vale Dios para satisfacer las necesidades y deseos de Sus hijos, siempre y cuando lo que le pidan sea beneficioso para ellos y para los demás. «Todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis»1.

El tiempo que dedicamos a la reflexión nos proporciona una fortaleza interior que nos ayuda a superar las etapas más difíciles de la vida. «El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma»2.

Cuando nuestro espíritu flaquea y se nos turban los pensamientos, la oración nos proporciona descanso y nos renueva. «Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar. Llevad Mi yugo sobre vosotros, y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque Mi yugo es fácil, y ligera Mi carga»3.

Una vez que hemos encomendado un asunto a Dios en oración, podemos tener la certeza de que Él se hará cargo del mismo conforme a Su voluntad. «Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien»4.

La oración nos consuela en los momentos de tristeza; nos infunde ánimo cuando estamos abatidos y valor para seguir adelante cuando ya no podemos más. Jesús nos ayuda a ver nuestras dificultades objetivamente  —como las ve Él— y nos da sosiego. «Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas»5. «En medio de las preocupaciones que se agolpan en mi mente, Tú me das consuelo y alegría»6.

A medida que vamos aceptando y aplicando lo que el Señor nos indica, adquirimos sabiduría. «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada»7.

Jesús nos conduce por el laberinto de la vida. Nos indica qué hacer en situaciones de apuro, cuando nos enfrentamos a decisiones difíciles. Ha prometido darnos instrucciones, aclararnos los pensamientos y guiar nuestros pasos. «Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas»8.

Otras veces nos inspira ideas geniales. «Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que Tú no conoces»9. También nos evita complicaciones poniéndonos sobre aviso, o nos da las soluciones a nuestros problemas. «El que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal»10.

Por medio de la oración podemos curarnos de nuestras dolencias físicas. «La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará»11.

Por ella también podemos obtener el perdón de las faltas que cometemos. «Dije: “Confesaré mis transgresiones al Señor”; y Tú perdonaste la maldad de mi pecado»12.

La oración nos sirve para adquirir un conocimiento más profundo tanto del mundo natural como de la dimensión espiritual. «Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios»13.

Al orar nos beneficiamos de la energía divina, de modo que logramos mejor rendimiento y se nos facilitan las cosas. «Él fortalece al cansado, y acrecienta las fuerzas del débil. […] Los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas; correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán»14.

La oración potencia la paz interior. «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús»15.

Por medio de la oración le recordamos a Dios que satisfaga nuestras necesidades materiales. «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá»16.

Jesús nos abre los tesoros de Su Palabra cuando se lo pedimos, como lo hizo el rey David: «Abre mis ojos, y miraré las maravillas de Tu ley»17.

Podemos obtener asistencia divina aun cuando no sepamos qué pedir. «Qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles»18.


1 Mateo 21:22 (RV95)
2 Salmo 138:3
3 Mateo 11:28-30
4 Romanos 8:28
5 Salmo 147:3
6 Salmo 94:19 (DHH)
7 Santiago 1:5
8 Proverbios 3:6
9 Jeremías 33:3
10 Proverbios 1:33
11 Santiago 5:15 (NVI)
12 Salmo 32:5
13 1 Corintios 2:9,10
14 Isaías 40:29,31 (NVI)
15 Filipenses 4:6,7
16 Mateo 7:7,8
17 Salmo 119:18
18 Romanos 8:26

El Rey Salomón: Historia y página para pintar

El rey Salomón

El rey Salomón tenía incalculables riquezas, palacios y jardines, las mejores viandas y el mejor vino, y toda forma de entretenimiento a su disposición. Tenía acceso a prácticamente todo lo que quería, pero al término de su búsqueda de la felicidad y el sentido de la vida, concluye: “lo mejor que un ser humano puede hacer es tener temor de Dios y obedecer sus mandatos.” (Eclesiastés 1-12)


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12 Piedritas Fundamentales Clase 11A (Para Niños Más Pequeños): Superar Conflictos – Pasos Para Vencer

Perspectivas sobre el eclipse solar

Las antiguas civilizaciones idearan una pintoresca mitología para explicar la desaparición del Sol. Entre sus fábulas figuran ranas, lobos o perros de fuego que se comían al Sol. Hay quienes acusaban a la Luna de querer robárselo. Ciertos habitantes de Togo creían que el Sol y la Luna estaban de pelea y que la única forma de conseguir que dejaran de combatir era hacer las paces con sus enemigos. Algunos acusaban al Sol de intentar robarle a la gente los ojos, o creían que era un mal augurio que una mujer embarazada saliera de casa durante un eclipse. Los indios de la tribu navajo de Norteamérica creían que un eclipse formaba parte del orden natural y se quedaban en casa ayunando y cantando.

Hoy en día, entendemos lo que ocurre durante un eclipse. El sitio web science.nasa.gov afirma: «Un eclipse solar total ocurre cuando la Luna pasa entre el Sol y la Tierra y tapa completamente la cara del Sol. El cielo se oscurece como si fuera el amanecer o el atardecer».

En estos tiempos de sombra y oscuridad espiritual y social que vive el mundo quizá nos parezca imposible ver la mano de Dios en acción. Pero así como sabemos que el sol seguirá siendo sol y que el eclipse pasará, podemos tener la certeza de que nuestro Dios nunca cambia ni deja de tener dominio sobre nuestra vida.

Durante un eclipse el Sol y la Luna parecen del mismo tamaño. La verdad es que el Sol es 400 veces mayor que la Luna y está 400 veces más lejos de nosotros, lo que explica por qué la Luna puede eclipsar completamente la visión de nuestro gran cuerpo celeste. Del mismo modo, las cosas que a menudo nos impiden ver a Dios son las que están más cerca de nosotros. Si recordamos eso y lo apreciamos en su justa dimensión, podemos seguir confiando en Dios, aun cuando no podamos verlo.


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Historias clásicas de la Biblia

Historias bíblicas del Antiguo y Nuevo Testamento, con ilustraciones detalladas que dan vida a los personajes.

Tarjetas de La Vida de Jesús – Parte 4

Actividad devocional para niños, con una tarjeta/historia por día. 

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