Amor sin límites

Siete devocionales cortos sobre el amor para niños para el día de san valentín.

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Fluir con la corriente

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Elsa Sichrovsky

Hace unos años participé en una obra voluntaria que operaba un comedor para estudiantes de escasos recursos. Los dos primeros años ayudé con el aseo de la cocina, la compra de provisiones y la preparación de las comidas. Me resultaba gratificante saber que contribuía a producir comidas equilibradas, deliciosas y, sin embargo, económicas. Los directivos tomaron nota de mi diligencia y me encargaron tareas de mayor responsabilidad en el manejo de los recursos económicos y la confección del menú.

No obstante, el tercer año que trabajé en aquella obra asistencial los nuevos directivos cambiaron el enfoque y decidieron ofrecer clases de refuerzo de inglés y ciencias para estudiantes con dificultades de aprendizaje que vivían en zonas de riesgo. El comedor público se redujo considerablemente, y un número importante de los que trabajaban en la cocina —yo incluida— pasaron a fungir como asistentes de profesores. A la mayoría de los cocineros les gustó dejar atrás sus labores gastronómicas, ocultos tras las bambalinas, e interactuar directamente con los niños. En mi caso no fue así.

Las verduras y las ollas nunca me discutían. En el aula, en cambio, estaba con estudiantes bulliciosos, pendencieros e imprevisibles y con un profesor que tenía una opinión muy particular sobre cómo debía yo asistirlo. La inestabilidad y la incertidumbre que reinaban en el aula, sumadas a la pérdida de lo que había sido para mí un nido acogedor —un lugar en el que me sentía realizada y con todo controlado—, me resultaban enervantes. A pesar de que cumplía con mis obligaciones básicas, no ponía el mismo entusiasmo y esmero que había mostrado en la cocina.

Un día le expresé a un excompañero de la cocina mis quejas acerca de los nuevos directivos. Me dio cierta razón.

—Sí, para mí no ha sido fácil ver cambiar de rostro a esta organización a la que dediqué tanto tiempo —señaló—. Pero los cambios son parte integral de la vida. A veces vale la pena adaptarse al flujo de las cosas.

picture1—¡Pero es que no me gusta la forma en que están fluyendo! —protesté—. Me siento como pez fuera del agua.

—¿Recuerdas cuando la cocina también era algo desconocido para ti? —me preguntó.

—¡Uy, sí, parece que hubieran pasado añares! —exclamé.

—Exacto. Aprendiste mucho sobre la cocina. Y aprenderás mucho de docencia si estás dispuesta a abandonar tu zona de comodidad.

Aunque hace ya años de eso, estoy agradecida por los consejos que me dio mi amigo y los sigo teniendo presentes, ya que me ayudan a sobrellevar los dolorosos procesos de constante transformación que hay en la vida. En el momento en que me limito a hacer lo que me gusta y hago bien, freno mi crecimiento personal. En cambio, si fluyo con la corriente de cambios y dejo que me impulse, adquiero nuevas habilidades y disfruto de nuevas experiencias.


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Text courtesy of Activated magazine. Used by permission.

Ejercicio espiritual: Día a día

day by dayLa vida suele describirse como un viaje. Paso a paso, día a día, recorremos un camino que es exclusivamente nuestro. Aunque a veces compartimos nuestras alegrías y pesares con personas con las que nos encontramos, no hay dos derroteros exactamente iguales.

Lo que sí tenemos en común, sin embargo, es la posibilidad de contar con un compañero y consejero que esté constantemente a nuestro lado. Dios dice: «Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces»; y: «Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar»1.

Si repasas el camino que recorriste el año pasado, sobre todo los trechos difíciles, seguramente te darás cuenta de que hubo situaciones que podrían haber tenido un mejor desenlace si le hubieras pedido orientación a Dios y hubieras seguido lo que Él te indicara. Pero no te preocupes. Tienes otro año por delante, que te ofrece nuevas posibilidades.

Tómate unos minutos para reflexionar sobre tus tareas y actividades cotidianas. Tal vez podrías empezar a llevar un diario de oraciones. Podrías también proponerte leer todo el libro de los Salmos o los Evangelios. Quizá quieras tomarte cinco minutos al despertarte o antes de irte a dormir para pensar en todo lo bueno de que disfrutas y agradecérselo a Dios. Lo que sea que decidas, hazte el propósito de cumplirlo y persevera en ello. Recuerda que siempre te acompaña ese gran Amigo que está «más unido que un hermano»2.day by day 2


1 Jeremías 33:3; Salmo 32:8
2 Proverbios 18:24

Gentileza de la revista Conectate. Usado con permiso. Imagenes © TFI.