
¿Alguna vez han puesto un tallo de apio en agua con colorante? El apio empieza a cambiar de color a medida que absorbe el agua por el tallo. Tarda unos días apreciar el cambio, pero con el tiempo el tallo del apio toma el color del agua. Con esa misma facilidad el apio absorbe venenos y pesticidas que pululan en el aire y en la tierra.
Nuestro espíritu actúa también así. La fuente de nuestro alimento o de los datos que absorbemos, lo que sea a lo que nos exponemos, influye en nosotros para bien o para mal. Nos vemos continuamente asediados por información, ya a través de la internet, ya a través películas, música, libros y por supuesto de las personas con las que interactuamos. Sin embargo, la manera en que nos influyen no siempre es tan notoria como el efecto del agua en el apio.
Parte de esas cosas de las que nos alimentamos parece inofensiva, hasta buena, pero puede terminar causando un efecto negativo. Otra puede disfrutarse sin inconveniente y quizá sea inocua. Incluso puede llegar a alimentarnos intelectualmente e incrementar nuestros conocimientos y competencias. Así y todo, es posible que no proporcione a nuestro espíritu el sustento que precisa para desarrollarse con fuerza.
Por eso Jesús nos instruye a permanecer en Él, nos dice que hagamos de Él nuestra fuente. Nos ofrece el agua de vida, la única que saciará para siempre nuestro espíritu. Salmo 1:3 expresa que los que se deleitan en los caminos y la Palabra de Dios son «son como árboles plantados a la orilla de un río, que siempre dan fruto en su tiempo. Sus hojas nunca se marchitan, y prosperan en todo lo que hacen».
Plantemos nuestras raíces firmemente a orillas de esos ríos de agua viva.
Text courtesy of Activated magazine. Image 1 designed by brgfx via Freepik. Image 2 designed by Matt Cole/Vecteezy. Image of Jesus © TFI.
