La Cena Del Señor

Unos tres años después de que Jesús comenzara a enseñar públicamente, Jesús le dijo a sus discípulos que quería celebrar el Pascua con ellos en Jerusalén.

Cuando llegó la hora de la cena, Jesús y los apóstoles estaban a la mesa.  Jesús les dijo: “Tenía muchas ganas de celebrar esta cena de Pascua con ustedes.”

Entonces, Jesús se levantó y empezó a lavarles los pies a sus seguidores y les secaba los pies con la toalla que llevaba en la cintura. 

Cuando terminó de lavarles los pies, les dijo: “Les he dado ejemplo para que traten a los demás como yo los he tratado a ustedes. Ámense tal como yo los amé.”

Durante la comida de la Pascua, Jesús tomó algo de pan y lo partió. Dijo: “Tomad y comed esto. Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros.”

Luego levantó una copa de vino y dijo: “Bebed esto. Esto es mi sangre del Nuevo Pacto que es derramada para el perdón de los pecados. Haced esto en memoria de mí cada vez que la bebáis”.

Después de la cena, Jesús oró por sus discípulos. Entonces, Jesús y sus discípulos caminaron hacia el Monte de los Olivos.

Jesús y Jim

Se cuenta que un clérigo se empezó a preocupar porque todos los días, a las doce del mediodía, un anciano mal vestido entraba a la iglesia y a los pocos minutos volvía a salir. ¿Qué intenciones tendría? Decidió informar al sacristán y le pidió que la próxima vez lo interrogara. Al fin y al cabo, la iglesia contenía bastantes objetos de valor.

—Vengo a rezar —respondió el anciano al sacristán cuando este lo interpeló.

—No me tome el pelo. Usted nunca se queda en la iglesia el tiempo suficiente para rezar.

—Vea usted, lo que pasa —continuó el anciano— es que no sé hacer una oración larga. Por eso todos los días a las doce vengo y digo: «Hola, Jesús; soy Jim». Espero un minuto y luego me voy. Rezo cortito, pero yo creo que Él me escucha.

Poco tiempo después, cuando Jim sufrió un accidente y fue hospitalizado, ejerció una estupenda influencia en los enfermos que compartían la sala con él. Los pacientes quejumbrosos pusieron cara risueña y con frecuencia resonaban risas en el pabellón.

—Jim —le dijo un día la enfermera que lo atendía—, todos dicen que el ánimo ha mejorado mucho en la sala gracias a usted. Comentan que usted siempre está contento.

—Sí, ¡eso es cierto! ¿Cómo no voy a estarlo? Es por el visitante que todos los días me viene a alegrar la vida.

—¿Qué visitante? —preguntó la enfermera extrañada. En las horas de visita ella siempre notaba que no había nadie en la silla del pobre Jim, pues no tenía familiares.

—Esa visita, ¿a qué hora viene? —reiteró ella.

—Todos los días —respondió Jim, con ojos alegres—. Todos los días a las doce del mediodía viene y se pone a los pies de mi cama. Lo miro, y Él me mira sonriente y me dice:

—Hola, Jim; soy Jesús.

Historia gentileza de la revista Conéctate.

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Parábolas de Jesús – El Rey y Los Administradores

Tanto el Evangelio de Mateo como el de Lucas cuentan la historia de un hombre adinerado que, en preparación para una larga ausencia, entregó a sus servidores ciertas sumas de dinero que administrar en su nombre

Prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. (Lucas 19:11)

Jesús se dirigía a Jerusalén para celebrar allá la Pascua y se encontraba en Jericó, a tan solo 29 kilómetros. El pueblo judío tenía la esperanza de que el Mesías —una persona del linaje del rey David, el cual había gobernado mil años antes— fuera coronado rey en Jerusalén. Se creía que el Mesías restauraría la majestad del reino de David y libraría a Israel de opresores extranjeros. Cuando Jesús llegó a Jerusalén, se juntó delante y detrás de Él una muchedumbre que gritaba: «¡Hosana al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas!» Todos esperaban que el fin del dominio de los odiados romanos —y el establecimiento del reino de Israel con el Mesías como rey— estuviera a la vuelta de la esquina. Si bien Jesús había anunciado a Sus discípulos que en Jerusalén lo matarían, ellos no lo entendieron, pues tenían las típicas expectativas judías en cuanto al Mesías.

Dijo, pues: «Un hombre noble se fue a un país lejano para recibir un reino y volver. Llamó antes a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: “Negociad entre tanto que regreso”. Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron tras él una embajada, diciendo: “No queremos que este reine sobre nosotros”».(Lucas 19:12-14)

Es posible que en esta parábola Jesús estuviera aludiendo a un episodio reciente de la historia judía. Los dirigentes de los países vasallos de Roma tenían que solicitar al emperador romano permiso para gobernar. Herodes el Grande, que era rey en Israel cuando nació Jesús, fue a Roma en el año 40 a. C. para pedirle al emperador Augusto que lo nombrara rey. Al morir él, dejó Samaria, Idumea y Judea a su hijo Arquelao, que en el año 4 a. C. fue a Roma para que lo confirmaran en su cargo. Como la gente sabía que Arquelao era un dirigente duro, una delegación compuesta por 50 judíos prominentes viajó a Roma para pedirle al emperador que no permitiera que Arquelao reinara. Aun así, el emperador le entregó esa región, pero no lo nombró rey, sino que le dio el título de etnarca, sobreentendiéndose que si gobernaba bien se le conferiría el título de rey. Sin embargo, al cabo de diez años el emperador lo destituyó. La situación del noble de la parábola que se va a un país lejano para recibir un reino se entendería como similar a la de una persona que fuera a solicitar al emperador romano que lo nombrara rey de un país.

Antes de salir de viaje, el noble llama a diez servidores y le entrega a cada uno una mina. Una mina representaba el salario trimestral de un obrero, así que la suma que le entrega a cada uno equivale a la paga por cien días de trabajo. Si bien no se trata de una cantidad enorme, les da claras instrucciones de que empleen ese dinero para hacer negocios hasta que él regrese.

En el evangelio de Mateo, la parábola cuenta que a los servidores se les entregaron talentos: cinco a uno, dos a otro y uno al último. El talento era una unidad monetaria que valía entre 60 y 90 libras de plata u oro. Según el metal que se usara, un talento equivalía a 60 libras o minas, o sea, el salario que percibía un obrero por 6.000 días de trabajo, o aproximadamente lo que ganaba en veinte años. (El valor de la mina o del talento no afecta en absoluto el sentido de la parábola.)

El noble del Evangelio de Lucas espera regresar como rey, aunque la delegación confía en evitarlo. Entre la población del reino, es lógico que la incertidumbre de si llegará a ser rey o si la delegación conseguirá impedirlo dé lugar a una situación política algo inestable. Los servidores del noble que hagan negocios en su nombre o representación estarán revelando, en esencia, su alineamiento con él. Sin duda los enemigos del noble tomarán nota de los que le son leales, y si logran que otro sea nombrado rey, los amigos del noble podrían correr peligro. En una época de inestabilidad, mucha gente opta por no llamar la atención y enterrar su dinero y objetos de valor —en vez de arriesgarse a perderlos— hasta que la situación política se estabilice. No obstante, a los servidores del noble se les manda emplear las minas para hacer negocios.

Resulta que la delegación no logra su cometido, y cuando el noble vuelve a su país ha sido nombrado rey.

Aconteció que, al regresar él después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. Se presentó el primero, diciendo: «Señor, tu mina ha ganado diez minas». Él le dijo: «Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades». Llegó otro, diciendo: «Señor, tu mina ha producido cinco minas». También a este dijo: «Tú también sé sobre cinco ciudades». (Lucas 19:15-19)

Las parábolas son breves y dan un mínimo de detalles; de ahí que, aunque eran diez los servidores que recibieron minas, solo se nos habla del desempeño de tres. Por la forma de responder de los dos primeros, está claro que entendieron que la mina que se les entregó le pertenecía al rey, así como la ganancia que obtuvieron negociando. El primero anuncia: «Señor, tu mina ha ganado diez minas», y el segundo dice que la mina de su señor ha ganado cinco.

Al realizar negocios conforme a las instrucciones del rey, esos servidores demostraron su lealtad. Su forma de proceder no solo fue leal, sino que podría considerarse también valiente, pues a pesar de la inestable situación política y de las personas que detestaban al futuro rey, se encargaron de sus asuntos y lo hicieron bien.

A esos servidores buenos y fieles se los premia por su lealtad, obediencia y valor. Como recompensa, reciben autoridad y potestad sobre algunas de las ciudades del reino del nuevo rey: el primero, sobre diez; el segundo, sobre cinco.

En cambio, las acciones y la respuesta del tercer servidor son bien diferentes.

Se presentó otro, diciendo: «Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo, porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo que tomas lo que no pusiste y siegas lo que no sembraste» (Lucas 19:20-21)

En la versión de Mateo, el servidor desobediente entierra el dinero; según el derecho rabínico, esa era la forma más segura de proteger contra robos un objeto de valor. Si una persona a la que se confiaba un objeto de valor lo enterraba inmediatamente, quedaba libre de responsabilidad en caso de que el objeto fuera robado. En esta versión, el servidor envuelve el dinero en un paño tejido de aproximadamente un metro cuadrado. El derecho rabínico establecía que quien guardara dinero en una tela era responsable de reponerlo en caso de pérdida.

El tercer servidor era consciente de que él era responsable del dinero, y no lo invirtió por miedo a perderlo y sufrir un castigo a manos del rey. Esa forma de proceder fue una contravención de las instrucciones que había dado el rey, pues él les mandó negociar con las minas. La justificación del servidor para no seguir las instrucciones originales del rey fue que se sintió intimidado por el rey y por el buen ojo que este tenía para los negocios. Las inversiones del rey obtenían grandes ganancias, no como resultado de su propio esfuerzo, sino del trabajo de los demás. En vez de invertir el dinero, tuvo miedo, lo guardó, y no ganó nada.

La respuesta del rey no es nada agradable.

Entonces él le dijo: «Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo soy hombre severo que tomo lo que no puse y siego lo que no sembré. ¿Por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco para que, al volver, lo hubiera recibido con los intereses?» (Lucas 19:22-23)

El rey lo recrimina, usando las propias palabras del servidor en contra de él. Si eso era lo que pensaba del rey, debería haber sabido que este esperaría que la mina a su regreso hubiera producido alguna ganancia. Si el servidor temía perder el dinero en alguna inversión arriesgada, podría haber ganado un poco entregando los fondos a los que cambiaban dinero de una moneda a otra cobrando una comisión, o hacían préstamos con interés. Eso no habría requerido ningún trabajo por parte del servidor, y aunque no habría obtenido las ganancias de 1.000% del primero ni las de 500% del segundo, al menos habría conseguido algo. 

El rey juzga sumariamente al tercer servidor.

Y dijo a los que estaban presentes: «Quitadle la mina y dadla al que tiene las diez minas».

Ellos le dijeron: «Señor, tiene diez minas».

«Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará».(Lucas 19:24-26)

Así que le quitan la mina a este servidor y se la dan al primero. Los que presencian la escena ponen objeciones; pero el rey replica que los que demuestren su fidelidad con lo que se les ha dado recibirán más, mientras que los que no sean fieles perderán lo que hayan recibido.

La parábola, entonces, pasa a hablar de los enemigos del rey.

«Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinara sobre ellos, traedlos acá y decapitadlos delante de mí».(Lucas 19:27)

En el lenguaje parabólico, se trata de una advertencia de castigo. No es necesariamente una representación realista del juicio venidero, pero sí una afirmación de que habrá un juicio.

Entonces, ¿qué enseña esta parábola?

Varias cosas; pero comencemos por las enseñanzas que habrían sacado los oyentes originales. Es probable que comprendieran que todo lo que tiene una persona le pertenece a Dios, que cada uno de nosotros administra lo que ha recibido —incluidas sus habilidades y cualidades— y que Dios espera que usemos todo eso de acuerdo con los mandamientos que Él da en las Escrituras.

Podemos preguntarnos: ¿Cómo aprovecho los dones que Dios me ha dado en esta vida, sabiendo que tengo el deber de usarlos prudentemente? ¿Reconozco que todo lo que tengo le pertenece a Dios? ¿Lo aprovecho de acuerdo con las instrucciones que Él nos ha dado?

Algo más que pudieron entender los que estaban presentes cuando Jesús contó este relato es que Él les estaba indicando que esa expectativa de que Él, como rey judío o mesías terrenal, fuera a liberar enseguida a Israel de sus opresores romanos era errónea. Y 25 o 30 años más tarde, cuando se escribió el Evangelio de Lucas, los lectores debieron de entender que la parábola también se refería al período de tiempo entre la ascensión de Jesús y Su retorno prometido. Todos los Evangelios se escribieron décadas después de la muerte y resurrección de Jesús, por lo cual los que los leemos disponemos de más datos para interpretar el hecho de que el rey se ausentara y luego regresara: comprendemos que aunque Jesús ahora se ha ido, volverá; y que Él abriga ciertas expectativas con relación a los dones y talentos que Dios nos ha concedido.

Las minas, que representan los dones de Dios, se nos entregan para probarnos. ¿Serán fieles con ellas los siervos de Dios? ¿Serán leales al rey que esperan y creen que volverá, a pesar de que muchos esperan y creen que nunca volverá? ¿Harán negocios en Su nombre? ¿O actuarán de forma temerosa? Si son fieles y leales, si siguen Sus mandamientos, serán premiados, como los servidores a los que se les confió el gobierno de diez o de cinco ciudades. Y si no somos fieles, aunque no perderemos nuestra salvación, dice la parábola que pagaremos las consecuencias de haber contravenido las órdenes del rey. Existen diversos grados de recompensas para los cristianos y que cada uno de nosotros comparecerá ante Cristo para rendir cuentas de su vida.

Si alguien edifica sobre este fundamento con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la pondrá al descubierto, pues por el fuego será revelada. La obra de cada uno, sea la que sea, el fuego la probará. Si permanece la obra de alguno que sobreedificó, él recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quema, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. (1 Corintios 3:12–15)

Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. (2 Corintios 5:10)

Somos administradores de la vida que Dios nos ha concedido. Por amor y misericordia nos ha dado salvación a través de Su Hijo, que dio la vida por todos nosotros. Jesús, nuestro Rey, volverá un día para juzgar si hicimos lo que nos encargó. Vivamos todos a la manera de los servidores fieles que acataron las instrucciones del rey, para que a todos se nos diga: «¡Está bien, buen siervo!»

12 Piedritas Fundamentales—Clase 9B Para Niños Más Pequeños: El Cielo – Ahora y Para Siempre

Nace Jesús: Devocional navideño y página para colorear – Día 22

En el principio, antes de la creación del mundo, ya existía la Palabra. (Palabra es la traducción de la palabra griega logos, que hace referencia a cualquier clase de comunicación. Aquí se refiere a Jesucristo, a través del cual Dios se da a conocer al mundo.) La Palabra estaba con Dios y era Dios. Estaba ahí con Dios en el comienzo.

Todo se hizo por aquel que es la Palabra; sin él, nada se habría hecho. En él estaba la vida, y esa vida era la luz de los seres humanos. La Luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no ha podido contra ella.

Hubo un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan. Él vino a dar testimonio de la Luz para que todos los seres humanos pudieran creer. Juan no era la Luz; él sólo vino a dar testimonio de la Luz. La Luz verdadera que ilumina a todo ser humano entraba al mundo. (Juan 1:1-9, PDT)

Extraído del libro “El nacimiento de Jesús“. Images © TFI.

Nace Jesús: Devocional navideño y página para colorear – Día 21

Todo el mundo está bajo el juicio de Dios porque nadie consigue ser aprobado por actos de obediencia a una ley. La ley sólo nos muestra nuestro pecado. Pero ahora Dios nos muestra lo que anunciaban la ley y los profetas: la manera en que Dios nos aprueba no tiene nada que ver con la ley, sino que tiene que ver con la fe en Jesucristo. Dios aprueba a todo el que tiene fe en Jesucristo, no importa quién sea.

Todos pecaron y por eso no pueden participar de la gloria de Dios. Dios, por su generoso amor, aprueba a todos gratuitamente. Es un regalo de Dios hecho posible porque Jesucristo hizo lo necesario para liberarnos del pecado. Dios ofreció a Jesucristo para hacer posible, por medio de su muerte, el perdón de los pecados. Él ofreció a Jesucristo como sacrificio para demostrar que él siempre es justo en lo que hace. Lo demostró en el pasado cuando en su paciencia pasó por alto los pecados de muchos, y también ahora al aprobar a todo aquel que confía en Jesús. (Romanos 3:19-26, PDT)

Nativity scene in the public domain; rest of image by David Gunter via Flickr. Used under a Creative Commons license.

Nace Jesús: Devocional navideño y página para colorear – Día 19

El espíritu del Señor es sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado á predicar buenas nuevas á los abatidos, á vendar á los quebrantados de corazón, á publicar libertad á los cautivos, y á los presos abertura de la cárcel; A promulgar año de la buena voluntad de Jehová, y día de venganza del Dios nuestro; á consolar á todos los enlutados; A ordenar á Sión á los enlutados, para darles gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar del luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.

En gran manera me gozaré en el Señor, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió de vestidos de salud, rodeóme de manto de justicia.

Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su simiente, así el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las gentes. (Isaías 61:1-3,10-11, RVA)

Extraído del libro “El nacimiento de Jesús“. Image designed using the Freepik AI Image Generator.

Nace Jesús: Devocional navideño y página para colorear – Día 18

La gente que caminaba en la oscuridad ha visto una gran luz. Ha brillado una luz para los que vivían en una tierra oscura. Tú has hecho crecer nuestra nación, has aumentado la alegría del pueblo. Ellos muestran su alegría ante ti, como cuando recogen la cosecha, como cuando se reparten el botín. Es porque tú has roto el yugo que los tenía cautivos, la barra sobre sus hombros y la vara del opresor.

Porque nos ha nacido un niño, se nos ha dado un hijo. Sobre sus hombros descansa la autoridad y se le han puesto estos nombres: Hacedor de grandes planes, Dios invencible, Padre eterno, Príncipe que trae la paz.

La grandeza de su autoridad y paz no tendrá fin. Reinará en el trono y en el reino de David. Lo establecerá y sostendrá con la justicia y el derecho desde ahora y para siempre. Todo esto será posible, debido al amor intenso del SEÑOR Todopoderoso.  (Isaías 9:2-4,6-7, PDT)

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Nace Jesús: Devocional navideño y página para colorear – Día 17

Aunque [Jesús] era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse. En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre, se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales. Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:6-11, NTV)

Extraído del libro “El nacimiento de Jesús“. Image designed using the Freepik AI Image Generator.

Nace Jesús: Devocional navideño y página para colorear – Día 16

Cuando ya se habían ido, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

Así que se levantó cuando todavía era de noche, tomó al niño y a su madre, y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. De este modo se cumplió lo que el Señor había dicho por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

Cuando Herodes se dio cuenta de que los sabios se habían burlado de él, se enfureció y mandó matar a todos los niños menores de dos años en Belén y en sus alrededores, de acuerdo con el tiempo que había averiguado de los sabios.

Después de que murió Herodes, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a la tierra de Israel, que ya murieron los que amenazaban con quitarle la vida al niño».

Así que se levantó José, tomó al niño y a su madre, y regresó a la tierra de Israel. Pero, al oír que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Advertido por Dios en sueños, se retiró al distrito de Galilea, y fue a vivir en un pueblo llamado Nazaret. Con esto se cumplió lo dicho por los profetas: «Lo llamarán nazareno». (Mateo 2:13-23, NVI)

Extraído del libro “El nacimiento de Jesús“. Images © TFI.