
Imagínate a un niño pequeño con un regalo de cumpleaños o de Navidad. El niño rompe emocionadamente el envoltorio para descubrir lo que hay dentro. Tiene los ojos abiertos de par en par y da un chillido de alegría al ver el juguete nuevo. Seguidamente se pone a empujar su camioncito por la habitación. O imagínate a una niña que abraza la muñeca de cabellos dorados que le acaban de regalar.
Esa misma capacidad de asombro y agradecimiento se pone de manifiesto al leer los Salmos:
Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos, pues cercano está Tu nombre; los hombres cuentan Tus maravillas. (Salmo 75:1)
Tú eres grande y hacedor de maravillas. (Salmo 86:10)
Andaré alrededor de Tu altar, oh Señor, para exclamar con voz de acción de gracias, y para contar todas Tus maravillas. (Salmo 26:6,7)
Para este ejercicio, figúrate que eres ese niño que no sale de su asombro al recibir tantos regalos de Dios: salud, familia, amigos, vivienda, sustento, un mundo hermoso… La lista es interminable. Emociónate a medida que desenvuelves en tu imaginación cada uno de esos tesoros y bendiciones. Da gracias a Dios.
Gentileza de la revista Conéctate. Usado con permiso. Imagen diseñada por Freepik.
Juha cuenta cómo cierto día las dificultades ocasionadas por la muerte de su burro, una larga sequía y la subida de los precios en el mercado, hicieron que se propusiera dar gracias a Dios pasara lo que pasara. La prueba no tardó en llegar mientras labraba su jardín y una espina le atravesó el zapato. Mientras saltaba en un pie gritando de dolor, se acordó. Gracias, Dios mío, que fueron mis zapatos viejos los que se estropearon y no los nuevos.
Antes de reanudar la faena en el jardín, puso a un costado un bolso que contenía las monedas que había ahorrado para comprarse un nuevo burro. Un ladrón que pasaba por allí le robó el bolso y, a pesar de perseguirlo tenazmente, Juha no lo pudo alcanzar. Jadeando fuertemente, se preguntó: ¿Y ahora por qué puedo estar agradecido? No halló respuesta, así que volvió a su trabajo en el jardín.
Luego de labrar un poco más el jardín, Juho estaba muy cansado. Descansó a la sombra de un gran roble. Antes de caer dormido notó un campo de sandías y dijo en voz baja: Me pregunto cómo es que las grandes sandías crecen en matas tan pequeñas y a los grandes robles les brotan pequeñas bellotas. ¿No debería ser al revés? Grandes frutos, grandes árboles; pequeñas nueces, pequeñas matas… Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una bellota que le cayó en la cabeza. ¡Entonces comprendió! Te doy gracias, Dios, porque Tú eres mucho más sabio que yo. Si las sandías brotaran de grandes árboles, yo ahora estaría muerto si una de ellas cayera sobre mi cabeza.
Before resuming his hoeing, he put down his money purse, which contained the coins he had been saving to buy a new donkey. A thief who was passing by stole the purse, and despite a fervent chase, Juha was not able to catch him. Panting heavily, he asked himself, “What can I be grateful for now?” He had no answer, and so went back to hoeing.
After hoeing some more, Juha was now very tired. He rested under a large oak tree. Before drifting off to sleep he noticed a watermelon patch and mused, “I wonder why the large melons grow on such small vines while the mighty oaks have small acorns growing on them. Shouldn’t it be the other way around? Large fruit, large tree; small nut, small vine…” His thoughts were interrupted by an acorn that hit him on the head. He suddenly understood! “I thank you, God, that you are so much wiser than me. If watermelons were growing on large trees, I would be dead now from one falling on my head.”
