Érase una vez un árbol sobre el que se abatió un vendaval, y que fue a caer de bruces sobre el suelo duro.
En el momento en que golpeó con estruendo la tierra húmeda —él que nunca se había golpeado con nada, que solo se mecía suavemente con la brisa— supo que jamás se volvería a levantar.
El árbol lloró, de dolor, de tristeza, de rabia, de frustración. Veía a los demás árboles, que estaban erguidos, y lloraba. Primero quedó largo tiempo tendido en medio de sus ramas rotas, inerte, como si meditara qué hacer con su tremendo cuerpo.
Luego echó tímidamente algunos brotes, que se hicieron vástagos, que se convirtieron en ramas que apuntaban todas hacia arriba, hacia el cielo, en un intento de recuperar en alguna medida ese carácter aéreo que había tenido antes. Hizo lo que pudo, y dejó que el tiempo hiciera lo demás.
No tardó en descubrir su nueva utilidad. Los niños, desde pequeñitos, lo escogían para montar a caballo o se imaginaban que era un castillo. La gente se detenía para tomarse fotos con él. Unas veces servía de escenario de juegos; otras, de refugio. Las ardillas y los excursionistas lo usaban para cruzar el río. Y así halló una nueva vida, feliz —muy diferente, pero feliz—, y supo que aquel era su destino.

Ha llovido mucho desde entonces, y el árbol caído sigue acostado en el suelo, sosteniendo hacia arriba sus ramas. El musgo ha cubierto las heridas que se hizo al caer. Con el tiempo se ha convertido en un bello e importante elemento del paisaje, tanto así que los que diseñaron el parque lo tuvieron en cuenta.
De vez en cuando el árbol recuerda y piensa, y da gracias por el día en que la fatalidad se cebó en él. Aunque nunca volverá a ser como fue, ni como los demás, está contento. Sabe que ha descubierto su lugar, su papel, y que su futuro está en manos del Creador.
¿No son también así nuestras vidas? Aunque no suelen discurrir como nos imaginábamos, pueden tener un desenlace más rico, profundo y significativo si dejamos que Dios se valga de las tormentas para obrar en nosotros conforme a Su voluntad.
Él obtiene grandes victorias de lo que parecen derrotas.
Text adapted from Activated magazine. Image 1 by Michael_Browning from Freerange Stock. Image 2 courtesy of Wikimedia Commons.
