En aquellos días levantándose María, fué á la montaña con priesa, á una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet.
Cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena del Espíritu Santo, y exclamó á gran voz, y dijo. – Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Y de dónde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí? Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.
Entonces María dijo: – Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador, porque ha mirado á la bajeza de su criada; porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Y santo es su nombre. Y su misericordia de generación á generación A los que le temen. Hizo valentía con su brazo: Esparció los soberbios del pensamiento de su corazón. Quitó los poderosos de los tronos, Y levantó á los humildes. A los hambrientos hinchió de bienes; Y á los ricos envió vacíos. Y se quedó María con ella como tres meses: después se volvió á su casa. (Lucas 1:39-49, 56; RVA)
Extraído del libro “El nacimiento de Jesús“. Image © TFI.

