
Mientras miraba, aparecieron unos tronos y el Anciano venerable [Dios] se sentó en su trono. Su ropa era blanca como la nieve; su cabello era blanco como lana limpia. Su trono era de fuego, y las llamas formaban las ruedas. Un río de llamas corría ante él. Miles le servían, millones estaban frente a él. Parecía un juicio a punto de comenzar, y se abrieron los libros.
Yo seguía con estas visiones en la noche. De repente, vi que salía entre las nubes uno como un ser humano. Se acercó al Anciano venerable y lo presentaron ante él. Se le dieron poder, gloria y autoridad; todos los pueblos, naciones y lenguas estarán a su servicio. Su dominio no tendrá fin y su reino nunca será destruido. (Daniel 7:9-10,13-14, PDT)
Extraído del libro “El nacimiento de Jesús“. Foreground image courtesy of pngimg.com. Used under Creative Commons 4.0 BY-NC license. Background image in public domain.
