
Regalar naranjas es una tradición navideña muy extendida en el mundo. Según la tradición, el obispo de Mira, San Nicolás, se enteró de que un pobre hombre no tenía dote para el matrimonio de sus tres hijas. El santo dejó caer por la ventana una bolsa de oro para cada una de ellas y así dotarlas de una vida digna. Las naranjas nos recuerdan la importancia de dar y ayudar a los necesitados.
Con una naranja se puede hacer un adorno alusivo a la Navidad que en inglés llaman Christingle. Se toma una naranja y se le corta la parte de abajo para hacer una base sobre la cual se apoye. Se le hace un agujero en la parte superior y dentro de ella se clava una vela. Se la puede colocar sobre papel de aluminio para recoger la cera que gotee al encenderla. Luego se rodea la naranja con un lazo rojo. Se le insertan por la parte superior cuatro palitos de brocheta con frutos secos u otras golosinas. (Huelga decir que en trabajos manuales como estos hay que tomar precauciones para evitar quemaduras e incendios).
La naranja representa el mundo, la cinta roja la sangre y el amor de Cristo, los cuatro palitos simbolizan las cuatro estaciones y los cuatro puntos cardinales, la fruta alude a los frutos del Espíritu Santo y la vela encendida representa a Jesús, la luz del mundo.
La clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. (Gálatas 5:22,23)
Jesús dijo: «Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me siguen, no tendrán que andar en la oscuridad porque tendrán la luz que lleva a la vida». (Juan 8:12)
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