El amor lo conquista todo

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Sir Ernest Shackleton, el famoso explorador de la Antártida, relató una vez que cierta noche, en una choza que habían armado de urgencia, él y sus hombres intentaban dormir habiendo racionado ya las últimas galletas que les quedaban. La situación era extrema. Ninguno de ellos tenía asegurado su retorno a la civilización.

Shackleton percibió un movimiento. Notó que uno de sus hombres se daba vuelta para ver cómo estaban capeando los demás el difícil momento. Seguro de que todos menos él dormían, estiró el brazo por encima del hombre que tenía al lado y tomó su bolsa de galletas. Shackleton quedó petrificado. Confiaba tanto en ese hombre que habría puesto su vida en manos de él. Y, sin embargo, le estaba robando la última galleta a otro hombre. ¿La presión lo había hecho ladrón?

Enseguida lo vio moverse de nuevo. Sacó la galleta de su propia bolsa, puso las dos en la bolsa del otro hombre y sin hacer ruido puso nuevamente la bolsa al lado de su amigo que seguía durmiendo. Shackleton dijo: «No me atrevo a revelar el nombre de ese tipo. Sentí que aquel acto era un secreto entre él y Dios».

¿Hasta qué punto te sacrificarías para demostrar amor a los que te rodean?

Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. – Jesús (Juan 15:13)


Imagen gentileza de pikist.com. Cuento de la revista Conéctate. Usado con permiso.

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