La vida suele describirse como un viaje. Paso a paso, día a día, recorremos un camino que es exclusivamente nuestro. Aunque a veces compartimos nuestras alegrías y pesares con personas con las que nos encontramos, no hay dos derroteros exactamente iguales.
Lo que sí tenemos en común, sin embargo, es la posibilidad de contar con un compañero y consejero que esté constantemente a nuestro lado. Dios dice: «Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces»; y: «Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar»1.
Si repasas el camino que recorriste el año pasado, sobre todo los trechos difíciles, seguramente te darás cuenta de que hubo situaciones que podrían haber tenido un mejor desenlace si le hubieras pedido orientación a Dios y hubieras seguido lo que Él te indicara. Pero no te preocupes. Tienes otro año por delante, que te ofrece nuevas posibilidades.
Tómate unos minutos para reflexionar sobre tus tareas y actividades cotidianas. Tal vez podrías empezar a llevar un diario de oraciones. Podrías también proponerte leer todo el libro de los Salmos o los Evangelios. Quizá quieras tomarte cinco minutos al despertarte o antes de irte a dormir para pensar en todo lo bueno de que disfrutas y agradecérselo a Dios. Lo que sea que decidas, hazte el propósito de cumplirlo y persevera en ello. Recuerda que siempre te acompaña ese gran Amigo que está «más unido que un hermano»2.
1 Jeremías 33:3; Salmo 32:8
2 Proverbios 18:24
Gentileza de la revista Conectate. Usado con permiso. Imagenes © TFI.
Pasaron dos años hasta que los sabios —también conocidos como reyes magos— llegaron de Mesopotamia en busca de Jesús. Eran astrónomos muy inteligentes. Mediante sus estudios de las estrellas, Dios les reveló que un gran rey nacería en Judea. En ese momento, sin embargo, no entendían de quién se trataba.
Tristan y los insectos amigos descubren el secreto de la alegría navideña.
Tristan and the insect friends discover the secret of Christmas joy.
Muchos de los colonos norteamericanos en el siglo XVII eran puritanos, un grupo muy estricto de protestantes que pensaban que la Navidad era una celebración católica y por tanto no debía celebrarse. Y durante los siguientes doscientos años, hasta el comienzo del siglo XX, no se celebró la Navidad en la mayoría del territorio norteamericano, y los que sí lo hacían, lo conmemoraban de forma sencilla.
En 1843, el novelista británico Charles Dickens (1812-1870) escribió Un cuento de Navidad. Se trata de uno de los relatos navideños más populares aparte del relato de la primera Navidad. En su novela, Charles Dickens idealiza cierto tipo de Navidad en la que basamos muchas de las impresiones de cómo pensamos que deben ser las navidades. Quizás pienses que cuando él escribió una descripción tan espléndida de la Navidad que celebraba la familia de Tiny Tim, era un reflejo de cómo se celebraban en Inglaterra: el árbol, los villancicos, la cena con pavo, la familia reunida, los regalos. Pero nada más lejos de la realidad. Por lo menos en esa época.
Many American settlers of the 1600s were Puritans, strict Protestants who believed that Christmas was a Catholic holiday and therefore not to be celebrated. And for the next 200 years, until the start of the 20th century, Christmas was not celebrated by most in America, and was celebrated quietly by those who did.
In 1843, British novelist Charles Dickens (1812–1870) wrote A Christmas Carol. Not counting the story of the first Christmas, it’s probably one of the most popular Christmas stories of all time. In his novella, Charles Dickens idealized a certain kind of Christmas that we now base a lot of our Christmas perceptions on. You might think that with him writing such a wonderful description of Christmas as celebrated by Tiny Tim’s family, that this was how most of England celebrated Christmas—the tree, the Christmas carols, the turkey dinner, the family togetherness, the gift giving. But not really. At least, not at the time.
