
«Si alguno está en Cristo —dice la Biblia—, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas»(2 Corintios 5:17)
Esa transformación comienza en el momento en que invitamos a Jesús a entrar en nuestro corazón y formar parte de nuestra vida. Sin embargo, toma bastante más tiempo entrar en Jesús, es decir, sumirse completamente en Él y cimentar bien la fe (Colosenses 2:6,7). Cuanto más lo hacemos, más vamos dejando atrás nuestros viejos hábitos y formas de pensar, con lo que en efecto todas las cosas «son hechas nuevas».
¿Qué mejor momento que la Cuaresma y la Pascua, la celebración de la resurrección, para renovarse espiritualmente?
Pide a Dios que te indique uno o dos aspectos en los que te vendría bien cambiar o madurar como individuo. Por ejemplo:
- ¿Sueles tener una actitud positiva y agradecida, o tienes más bien tendencia a quejarte de las dificultades de la vida?
- ¿Te haces tiempo para leer la Palabra de Dios y reflexionar sobre cómo se te aplica, o dedicas tus ratos libres a ver la televisión y a otros pasatiempos?
- ¿Oras por las personas que están en apuros, o sólo te inspiran lástima pero no te mueven a actuar?
- ¿Te ofreces a ayudar con alegría y abnegación, o resientes los sacrificios que a veces tienes que hacer por los demás?
- ¿Hay algún otro aspecto en que debas cambiar?
Tómate unos minutos para rezar y encomendarle a Jesús esas cuestiones. «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí»(Salmo 51:10)
Superar viejos hábitos requiere tiempo y un esfuerzo sostenido; pero una vez que reconoces la necesidad de cambiar y pides ayuda a Jesús, puedes invocar esta promesa: «El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará» (Filipenses 1:6) Tú haz lo que puedas, y Él hará el resto.
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