El árbol que revivió con la tempestad

Si alguna vez has sentido que toda tu vida sufrió un desarraigo, cobra ánimo del Roble de Turner, un árbol gigantesco de 16 metros de altura que fue plantado en 1798 y hoy prospera en los Royal Botanic Kew Gardens al sur de Londres. En los años 80 del siglo pasado se veía enfermizo y daba la impresión de que no sobreviviría. Entonces el 16 de octubre de 1987 la Gran Tempestad azotó partes del Reino Unido, Francia y las islas del Canal de la Mancha. Es posible que haya sido la peor tormenta en golpear la región desde 1703. Derribó más de 15 millones de árboles en el sur de Inglaterra en apenas una hora. Entre sus víctimas se encontraba el Roble de Turner. El viento levantó aquel árbol por las raíces con tierra y todo, sacudiéndolo violentamente y asentándolo nuevamente en su lugar, como quien alza una copa de vino por el pie y la vuelve a colocar sobre la mesa.

Para Tony Kirkham —director del arboreto— aquel episodio fue como haber perdido a un ser querido:

—Quedé deshecho. Aquellos árboles que había cuidado con esmero, que había llegado a reconocer y con los que me había familiarizado yacían ahí tendidos en el suelo.

Tony y sus colegas arbolistas volvieron a colocar aquel enorme roble en su lugar y lo apuntalaron lo mejor que pudieron, aunque con pocas esperanzas. Tres años más tarde descubrieron con asombro que el árbol estaba perfectamente saludable. Cayeron entonces en cuenta de que la tierra en que estaba enraizado se había compactado por la cantidad de gente que caminaba alrededor de él, de tal manera que no recibía suficiente aire y agua. La tempestad aflojó las raíces y dio a la tierra la porosidad que necesitaba, permitiendo que el roble volviera a crecer.

En los 30 años que pasaron desde aquella tempestad el Roble de Turner creció en un 30 por ciento y dio pie a nuevos métodos de arboricultura en el mundo, entre ellos, la invención de nuevos equipos para aflojar la tierra y hacer llegar oxígeno, nitrógeno y nutrientes a los sistemas radiculares de los árboles.

Cuando nos encontramos en plena tormenta tal vez no entendamos qué beneficios podría reportarnos. Sin embargo, cuando amaina el temporal, la vida retorna. Muchas veces no sabemos qué finalidades y pormenores ocultan nuestras tribulaciones cuando estamos en medio de ellas y no logramos ver el bosque a causa del árbol. No obstante, hallamos serenidad y paz interior al confiar en los buenos designios que tiene Dios en nuestra vida.


Story courtesy of Activated magazine. Image 1 © Copyright N Chadwick and licensed for reuse under this Creative Commons Licence. Image 2 by Loz Pycock via Flickr. Some rights reserved

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